Columnistas

Clase social

Lo que se precisa para hablar de clase es un principio constitutivo que sea propio del grupo.

La Razón Digital / Farit Rojas Tudela

23:45 / 25 de septiembre de 2016

El término “clase” tiene orígenes en Roma. Los censores romanos dividían a la población en classis, ya sea assidui (propietario) o proletarii (que solo tenía su propia prole). Siglos más tarde, Ricardo y Mill caracterizarán tres grandes clases sociales: terratenientes, capitalistas y trabajadores. Pero son Marx y Engels quienes retoman el uso romano de clase, definida por la posesión o no de los medios de producción; es decir, entre burguesía y proletariado, dando nacimiento a la clase trabajadora. Todo aquel que ha leído el Manifiesto comunista recordará la frase “la historia de todas las sociedades existentes es la historia de la lucha de clases”, esto añade un elemento sustancial, la manera en la que la clase se reconoce a sí misma como clase en oposición.

Max Weber replanteó la idea de clase desde el consumo, específicamente desde los estándares materiales de vida que nos permiten consumir. Con ello extiende el tema de clase al de estatus, partido y nación. Los neomarxistas buscaron la manera de conciliar las ideas de Marx y Weber, entre éstos Frank Parkin, quien concentra su análisis en la categoría de “clausura social” como elemento de exclusión, y señala que las clases dominantes alcanzan la clausura social cuando monopolizan el conocimiento y la Fuerza Armada, además de los recursos económicos.

En los 80, Erik Olin Wright aborda la cuestión del trabajo de cuello blanco, es decir, trabajadores que ocupan posiciones de poder tanto entre la clase burguesa como en la clase trabajadora, dando nacimiento a la idea de una clase mediada. Sin embargo, las críticas neomarxistas a Wright cuestionaron la posibilidad de pensar en que estas clases mediadas puedan ser en el fondo una clase, en tanto no se organizan con intereses comunes para reconocerse y actuar como clase.

A comienzos del siglo XXI existen dos tendencias: la primera, el reflote de la idea de clase media desde un enfoque residual, sobre todo en los informes de desarrollo humano, en los que se sitúa en este sector a la población que recibe un ingreso monetario medio. Esta idea, exitosa para hacer política en tanto todos podemos ser clase media, es conflictiva para la investigación social, en la medida en que siempre se puede encontrar una clase media que lo único que tienen en común es el ingreso y no la clase. Una vez más lo que se precisa para hablar de clase es un principio constitutivo que sea propio del grupo. La segunda tendencia, influenciada por pensadores como Laclau y Mouffe, rechaza toda epistemología normativa y critica el esencialismo de la categoría clase. En este sentido, buscan quitar el foco de atención a la clase, y en consecuencia, observar otros fenómenos que no se verían ni comprenderían si se mantuviese la idea de clase.

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