Columnistas

Coca y dependencia, que hable la psiquiatría

Los efectos de la venta libre y del consumo de coca en grandes ciudades deben ser valorados.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriela Ichaso Elcuaz

00:53 / 24 de febrero de 2017

Coca milenaria. Coca cultural. Coca medicinal. Coca  cola. Cocaína. Coca social.  Una infusión de hojas de coca para sobrellevar el mal de altura es tan recomendada como la inigualable Sorojchi Pil, la pastilla contra el malestar que provoca a los llaneros o de las tierras bajas la falta de oxígeno en el aire montañés. Dicen que masticar las hojas de coca directamente, acullicarla, alivia el cansancio o lo evita, aplaca la sensación de vacío cuando se siente hambre.

Es extensa la literatura desde todos los puntos de vista acerca de la cocaína en todas sus variantes: desde su más pura expresión como la muestran películas donde alguien aspira líneas de polvo blanco brillante y cristalino hasta el “paco”, como lo llaman en Argentina, al deshecho de la cocaína, o pasta base, tal como se la conoce en Bolivia, uno de los venenos más peligrosos para el sistema nervioso, el cerebro y la vida. No es el motivo de este texto ahondar en lo que todos sabemos acerca de drogas, narcotráfico y economía mundial del ilícito.

Para la medicina psiquiátrica el consumo de coca o de cocaína es indistinto: el diagnóstico del médico es invariable ante la confirmación de la presencia de cualquiera de las sustancias en la sangre: drogodependencia. A los laboratorios de análisis clínicos del país que realizan este tipo de estudio científico no les interesa ni preguntan si quien se somete a la prueba sanguínea hizo consumo de tecito de coca, acullicó o se fumó un pitillo. Los resultados de la prueba son dos: positivo o negativo. Esto significa que si usted le pide a cualquier persona que acullica que le presente una prueba negativa de consumo de cocaína, no podrá hacerlo. El laboratorio no hace diferencia. Le entregará un certificado de que es cocaína positiva porque no tiene capacidad de discernir si la persona consumió coca o cocaína. La única forma de confirmar que una persona usó coca y no droga penada por la Ley 1.008 es que una semana después de que hubiera dejado de acullicar, vuelva a hacer el examen de sangre y saldrá negativo. Si lo que usó fue cocaína, no saldrá negativo hasta por lo menos un mes después del consumo de la droga.

El consumo de hojas de coca o acullico se realiza de diferentes formas. Una de ellas es mezclando los trozos de las hojas en la boca con la propia saliva, otra es agregándole bicarbonato de sodio o “bico”, en la jerga de los consumidores. ¿Cuál es el efecto real de esta práctica milenaria para culturas ancestrales dedicadas a tradiciones y costumbres que nada tienen que ver con los oficios del mundo moderno, como la conducción de vehículos de transporte público o de carga pesada, la albañilería en andamiajes de varios pisos, la manipulación de conexiones eléctricas, tantos trabajos de largo aliento y gran esfuerzo físico en los que se desempeñan los “acullicadores”? ¿Cuáles son los riesgos de las personas que están expuestas a los reflejos y las decisiones de un chofer que conduce un arma letal como un taxi, un minibús o una flota, un tractor o un camión, bajo efectos del “acullico”? ¿Cuáles son las contraindicaciones del consumo de hoja de coca en exceso o alterada químicamente por la saliva y el “bico”? ¿Cuáles son los efectos secundarios del consumo de coca en una persona que adormece el hambre y el cansancio: el embrutecimiento, la insensibilidad, la pérdida de noción de la responsabilidad, la violencia? ¿Cómo se explica que la abrumadora mayoría de las personas que acullican en las ciudades sean hombres? ¿Por qué no las mujeres urbanas?

En este asunto de la ampliación de la frontera cocalera, más allá de las nuevas hectáreas de cultivo y la migración de su secular lugar de cultivo en los Yungas, instalándose en el Chapare contra la historia, la cultura y la licitud, es fundamental que la ciencia, la psiquiatría, la psicología, los bioquímicos, los especialistas, tengan la palabra. Los efectos de la venta libre y del consumo de coca en las grandes ciudades, a mi entender, deben ser valorados, medidos, estudiados, para conocer el impacto de su inserción en la sociedad urbana, en la familia cuyos integrantes no la consumen, explicarlo y actuar en consecuencia.

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