Columnistas

Cocaleros vs. cocaleros

La Razón (Edición Impresa) / La columna sindical - Paulo Cuiza

00:00 / 03 de mayo de 2015

Los resultados de las elecciones subnacionales del 29 de marzo están, de a poco, revelando efectos colaterales para quienes tuvieron la audacia de enfrentarse al Movimiento Al Socialismo (MAS). Producto de tal osadía al menos diez productores de la hoja de coca en el Chapare, el reducto del MAS, serán expulsados de sus sindicatos y perderán el “derecho” a cultivar coca por el simple hecho de haberse aliado a la oposición. Todo un atentado contra el Estado de derecho y el pluralismo político que pregona la Constitución Política del Estado, concebida, estructurada, organizada y aprobada por el propio MAS.

Hasta ahí vamos mal. Incluso el Defensor del Pueblo tuvo que intervenir y pedir al presidente Evo Morales, quien también es presidente de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, anular la sanción de quitar tierras y expulsar a los cocaleros que fueron candidatos o apoyaron a la agrupación Unidos por Cochabamba (Unico) en las justas electorales. No obstante, tal parece que esta determinación ya está oleada y sacramentada, y que por tanto solo resta esperar que la orden sea cumplida.

Lo que acontece en el Chapare es una pequeña réplica de lo que ocurre en el país, donde el insulto vence al contraste de ideas, donde la fuerza se impone a la razón, y donde el que piensa diferente es tildado de neoliberal, vendepatria y derechista. Se supone que la democracia es un sistema que nos permite organizarnos como sociedad y en el que el poder no se concentra en una sola persona o en un solo partido, sino que se distribuye entre todos los ciudadanos.

Por lo tanto, las decisiones se toman respetando las leyes y los derechos tanto de las minorías como de las mayorías. Es un conjunto de reglas que determinan la conducta para una convivencia ordenada política y socialmente, un estilo de vida cuyas bases se encuentran en el respeto a la dignidad y a la libertad de todos y cada uno de los miembros de la sociedad.

El MAS llegó al poder en 2006, y desde entonces el país ha experimentado una serie de cambios (políticos, sociales y económicos), dignos de resaltar unos y de criticar otros, pero acciones como la que aquí se comenta van en contradicción con el respeto a la democracia, principio que el propio Presidente pregona a sus bases.

Bolivia es un país democrático por excelencia. Basta observar la participación ciudadana en los procesos electorales para constatar tal afirmación, pero decisiones erróneas desilusionan a la gente. Huelga recordar los resultados electorales que el MAS obtuvo en La Paz y El Alto. Estos hechos han impulsado al Defensor a señalar que el hombre que se supone debe velar por el país dice que quienes piensan diferente deben ser castigados; es de esperar que esta afirmación no esté en lo correcto.

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