Columnistas

Cochabamba: la otra historia

El relato independista de Cochabamba erigió lo mestizo-criollo como el referente de la identidad regional cochabambina

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

01:02 / 04 de septiembre de 2018

Bajo el sol de septiembre radiante, como reza el inicio del himno cívico de Cochabamba, en la Llajta comienzan a organizarse las ritualidades patrióticas de rigor, orientadas a rememorar las gestas “heroicas” que la insertaron en el ciclo independista latinoamericano del siglo decimonónico.

El relato independista cochabambino se escribió de tal modo que terminó enalteciendo a protagonistas mestizos y criollos, a quienes encumbró en el panteón de sus héroes y heroínas. Así, se tejió una historia oficial para narrar a las futuras generaciones. La renombrada novela Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la independencia, de Nataniel Aguirre, se ha constituido en el texto canónico para difundir pedagógicamente la idea de un pasado “cochala” esplendorosamente épico.

Como ocurre comúnmente con la construcción de cualquier narrativa o historiografía, aquella novela devino en una construcción excluyente y negadora de lo subalterno de la pluma aristocrática de intelectuales liberales en la segunda mitad del siglo XIX. El objetivo fue instalar un imaginario social legitimador del nuevo orden social, bajo los presupuestos de civilización versus barbarie. Por ejemplo, en ese marco la rebelión protagonizada por indígenas en las alturas y los valles cochabambinos en 1781 carecía de todo sentido para ellos, porque estaba desprovista de “valores civilizatorios”, y así fue condenada a un mutismo lúgubre.  

Esa rebelión india duró escazas tres semanas, desde el 21 de febrero hasta el 8 de marzo aproximadamente. No obstante, fue intensa, extendida y, por su misma naturaleza, muy violenta, a la par de su aplastamiento por las fuerzas coloniales. Incluso llegaron a degollaron a sacerdotes y “damas” españolas de la sociedad colonial.

Pero ¿cómo entender su carácter extremo? Tales acciones formaron parte de lo que Franz Fanon denominó “violencia absoluta”. Según este concepto, cuando el oprimido emprende una acción “descolonizadora”, como es el caso de la mencionada rebelión, está dispuesto a la violencia en su más alto grado, porque solo así logrará barrer el poder colonial implacable que lo somete y expolia.  

Huelga recordar que por aquel periodo histórico se vivía la crisis del caciquismo y, sobre todo, la política de exacción de las reformas borbónicas, a las que muchos historiadores calificaron como “segunda conquista”. Estos factores exacerbaron los ánimos e impulsaron las condiciones para el surgimiento de una insurgencia india de tales proporciones. Es en este contexto que debe entenderse la radicalidad de esta rebelión, que le valió ser calificada como “ominosa” y “execrable” en los documentos coloniales, y a posteriori fue silenciada por la historiografía cochabambina. Para la cual, lo “luminoso” del pasado independentista fueron los levantamientos de los criollos y mestizos; sustentados en un discurso ilustrado que marginó a las tinieblas las rebeliones indias anticoloniales, como la de 1781, y así erigió lo mestizo-criollo como el referente inequívoco de la identidad cochabambina.

Estas fechas septembrinas son siempre una oportunidad para volver a mirar nuestro pasado, no con fines excluyentes y acusatorios, sino más bien para (re)pensar la complejidad y pluralidad de las historias y los sujetos que la protagonizaron. Quizá eso nos posibilite expiar algunos tormentos presentes en la Cochabamba de hoy, signada por su diversidad cultural y sus múltiples diferencias.

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