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Códigos secretos

La reciente muerte de Ulises Estrada en Cuba impone pensar nuevamente en la figura de ‘Tania’

La Razón (Edición Impresa) / Gustavo Rodríguez Ostria

00:00 / 02 de febrero de 2014

La reciente muerte de Ulises Estrada en La Habana impone pensar nuevamente en la figura de Tamara Bunke Bíder, más conocida como Tania. Estrada, hombre de la seguridad cubana, participó en primera línea en su entrenamiento en Cuba, pero rompiendo todas las reglas de la seguridad se hicieron compañeros de vida. Tamara, bajo el manto de Laura Gutiérrez, ingresó a Bolivia por la frontera de Copacabana el 18 noviembre de 1964, al día siguiente cumplía 27 años. No fue ni espía ni un cuadro organizador, sino una “durmiente” plantada en Bolivia mientras esperaba órdenes.

Desobedeció, y para desagrado del Che, quedó atrapada en el monte. El 31 de agosto de 1967, una bala atravesó su cuerpo, cuando era la única mujer en la expedición de Ernesto Guevara en Bolivia. Solo un año más tarde se supo su verdadero nombre y su vida previa en Argentina, la República Democrática Alemana y Cuba, pero el misterio continuó. ¿Qué hacía en las aguas del Río Grande, en el aislado y agreste sudeste boliviano?

Las respuestas se dividen en dos grandes opciones. La una hace de ella un mandato imperioso, propio de una joven comunista que descubre la luz de la doctrina cubana de la lucha armada. Se embarca en ella, al mando del propio Che, y se desempeña con sacrificio y heroicidad. La otra la deriva de una conspiración montada por los burócratas jerarcas del comunismo este europeo, para frustrar la guerrilla de Ñakaguazú. En los últimos años aparecieron obras, generalmente de autores cubanos, referidos a Tamara; mientras que miles de páginas, la mayor de las cuales no sobrepasan un nivel de propaganda, pueden hallarse en la red. Pertenecen a autores y protagonistas políticos afiliados a disimiles corrientes de pensamiento. La de izquierda la exalta; la conservadora, la denigra. Ninguna es inocente.

La historia de su presencia en Bolivia no ha estado tampoco libre de prismas ideológicos, marcados por afinidades o contrastes con la dirección cubana. Ha primado más el cálculo político que el sustento documental. Es imperioso cambiar de mirada y metodología. Sin deslizarnos al positivismo, buscamos denodadamente fuentes escritas, orales y visuales, que nos permitan escapar de la dicotomía heroína-traidora; espía-guerrillera; casta-amante, que la acompañan y que impiden situarla en un contexto preciso y reconstruir su presencia libre de estar obligados a jugar al mito o sepultarlo.

Descubrir a Tamara, descubrir sus motivaciones y su comportamiento supone un ejercicio similar a pelar una cebolla o abrir una muñeca rusa, con la diferencia que las capas, que si existen, también se imbrican y se funden. Ella fue una maestra del disfraz y el engaño, capaz de presentar una identidad fingida a la perfección. Ahí consistía el éxito de su misión. A lo largo del tiempo adoptó diversas personalidades. No fue una mujer, sino varias, muchas veces contradictorias. Joven revolucionaria como profesional pequeño burguesa; entregada amante y esposa por deber; fría y calculadora; seca y desbordada en emociones; de cara amable a la gente y de gestos reservados y clandestinos. ¿Quién fue realmente?: Tamara, Laura o Tania. ¿Una sola o tres a la vez?

Ulises Estrada lo sabía muy bien y aunque escribió un par de libros sobre su amada Tamara/Tania, tengo la absoluta certeza de que se llevó a la tumba una gran parte de sus secretos.

Es historiador.

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