Columnistas

Colquiri

Para ser rentable, la explotación de Colquiri va a requerir  de mayor tecnología y no más operadores

La Razón / Dionisio J. Garzón M.

00:00 / 05 de octubre de 2012

La mina de estaño y complejos de zinc-plomo-plata que hoy en día es objeto de torrentes de tinta y horas de comentarios en radio y Tv, debe su nombre a dos vocablos aymaras: colque (plata) e iquiri (dormida). Su descubrimiento se remonta a los exploradores de la Colonia que encontraron galena argentífera (sulfuro de plomo con plata) en las primeras vetas descubiertas en la superficie. Se sabe de explotaciones artesanales desde 1880. En 1936, la Compañía de Minas Oruro, fundada por don Severo Fernández Alonso (abogado que llegó a ser presidente de la República), tomó control del yacimiento. Posteriormente, la compañía pasó a capitales chilenos y fue controlada finalmente por don Mauricio Hochschild hasta su nacionalización en 1952.

Minas como Colquiri empiezan con plata, siguen con plata-estaño y culminan en complejos de estaño-zinc-plomo y plata. Colquiri es ahora un yacimiento de estas características con una producción importante de estaño, la segunda después de Huanuni, y también de zinc en complejos. La exploración, a través de los años de Comibol, Comsur y Sinchi Wayra, permitió desarrollar un interesante potencial y reservas importantes en varias vetas del distrito, pero no tan grandes como para afirmar que el valor de una sola veta (Rosario) pueda llegar a $us 5.000 millones como se comenta en la prensa en los últimos días. La ilusión del valor y la presión de dos bandos en disputa (cooperativistas y asalariados) llevó a dividir esa veta y sus ramales en dos partes, donde se realizará una explotación que —desde la racionalidad que debe primar en minería— es cuando menos inédita y desatinada.

En ésta y en todas las operaciones mineras controladas por Comibol, lo primero a definir es el tipo de yacimiento, la verdadera magnitud de reservas y el modelo teórico de explotación que pueda reportar los mayores beneficios económicos. La ley de cabeza de estaño (ley de las cargas que llegan al ingenio) en Colquiri era, en 1940, de 3,47%; en 1960, 1,07%; en 1975, 0,78%; en 2006, 1,30%; y así la declinación sigue y dará paso a una minería de minerales complejos que requerirá de mayor tecnología, y no de mayor número de operadores para mantener la rentabilidad de la operación. ¿Será la mejor solución con miras al mediano y largo plazo la que se ha tomado, cediendo a la presión de los dos bandos? ¿Se está tomando en cuenta la declinación del estaño en los planes de ampliación de la capacidad del ingenio y en el aumento de la planilla de asalariados?

En Bolivia hay yacimientos como éste, que son un desafío a la ingeniería si se quiere tener éxito; y otros que pueden ser más pequeños, menos complejos, más superficiales, donde la minería artesanal puede ser apropiada. Comibol tiene un portafolio de minas abandonadas y/o en reapertura después de la capitalización, de las que se pueden seleccionar apropiadamente aquellas que pueden ser operadas artesanalmente, para dar así la oportunidad que los cooperativistas merecen, y sin dañar proyectos y minas que por sus características deben ser operados a mayor escala. Con los precios espectaculares que acompañan la actividad minera en los últimos años, todo parece fácil pero, cuando aquellos declinen la verdadera magnitud de nuestras decisiones aflorará y será demasiado tarde si no actuamos con sabiduría hoy.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia