Columnistas

El Comandante Fidel

Solo una investigación rigurosa sobre Fidel Castro podría colmar parcialmente su trayectoria.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Ríos Calderón

04:33 / 01 de diciembre de 2016

Qué representó Fidel Castro? ¿Cómo comenzó aquel ideal? El 25 de noviembre de 1956 en Veracruz, México, zarpaba el yate Granma, y en él, 82 guerrilleros del Movimiento 26 de Julio para iniciar la revolución cubana. Dirigidos por Fidel Castro Ruz, su hermano Raúl, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, derrotaron al entonces presidente de facto de Cuba, Fulgencio Batista.  

Fidel nació en 1926 en Cuba. Su cuna fue la finca paterna del lugar de Birán, hoy provincia de Holguín. Falleció a los 90 años, y será recordado como una de las mayores figuras del siglo XX. Sin vacilación, pasó a la historia como el latinoamericano que con mayor fuerza ha impactado en las generaciones nacidas en 1956. En lo universitario tuvo acceso a algunas obras literarias que, según él, le permitieron alcanzar cierta madurez política. Sus primeros pasos en este campo fueron en el ámbito estrictamente universitario. La influencia marxista y leninista en el optimismo humanista revolucionario de Castro se pusieron en relieve durante ese periodo. El estudio de esta teoría le resultó, desde una perspectiva subjetiva, muy útil en su determinación de acelerar el fin del poderío imperialista.

Fidel fue el único revolucionario social que modificó de raíz las estructuras de una nación corrupta, explotadora, injusta, desigual. Transformó su soberanía prostituida en una de las soberanías más orgullosas y altivas del planeta. Mantuvo una estrecha relación comercial con la Unión Soviética, animó a los campesinos a trabajar para desarrollar una producción récord. Y tras la caída de la URSS, para evitar el desplome de la economía cubana, impulsó el turismo, especialmente con el apoyo de países europeos, inspeccionando cada proyecto hotelero.

Sin embargo, su sombra asomó cuando el modelo cubano ya no funcionaba ni siquiera para sus habitantes. Sin la alternativa de flexibilizar su ortodoxia, su posición se mostró igual a la de un dictador. Aun así, Fidel mantuvo relaciones con algunos países, pese al bloqueo impuesto por EEUU, que lo mantuvo aislado durante décadas de América, con excepción de México. Posteriormente sus relaciones se extendieron con Venezuela, Ecuador, Bolivia y Brasil en la región, y en especial con países del África.

Asimismo, gracias a su carisma mantuvo relaciones con figuras importantes en todo el mundo entre actores, científicos, políticos y deportistas. Fue trascendente su amistad con el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. A veces las palabras sobran, pero no alcanzan. Fue vasta y fértil su influencia en el mundo, y solo una investigación rigurosa sobre este ejemplar salido de la imaginación de Nietzche, con las luces y sombras que todo revolucionario porta en su destino, podría colmar parcialmente su trayectoria.

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