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Comibol

El debate del proyecto de la nueva ley minera debería continuar con miras a perfeccionarla

La Razón / Dionisio Garzón M.

01:31 / 09 de agosto de 2013

La comisión redactora de la nueva ley minera ha emitido un borrador definitivo y eso debiera alegrarnos; aunque seguramente habrá cambios a propuesta del Ejecutivo, el debate del documento debería continuar con miras a perfeccionarlo, ahora que todavía hay oportunidad de hacerlo. En entregas anteriores comenté el proyecto de ley en varios aspectos y ahora pretendo hacerlo sobre la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), que viene a ser el soporte del Estado productor propuesto en la norma.

La estructura del sector minero estatal propone una Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) con dos autarquías: Comibol y la Empresa Siderúrgica del Mutún (ESM), tres entidades de servicios, —el Servicio Geológico Minero Metalúrgico (Sergeomim), el Servicio Técnico de Minas (Setmin) y el Servicio de Registro y Control de Comercialización de Minerales y Metales (Senarecom)—, dos entidades de fomento y un esquema de contratos que relacionaran al Estado con particulares (cooperativas, empresas y corporaciones) y también a particulares entre sí. En este esquema, ¿cuál es el papel de la estatal minera?

Desde su creación en 1952, Comibol se debate entre estructurar un holding de empresas mineras (modelo heredado de los “barones del estaño”) o propender a una empresa de marcada tendencia social, con injerencia de factores políticos y presiones sindicales. Hasta 1981, poco antes del colapso estructural de Comibol, se hicieron muchos intentos de reestructuración, fortalecimiento y/o modernización. Uno de los últimos fue encargado a Price Waterhouse Associates, que propuso un holding de empresas propias y asociadas para manejar las áreas de exploración, producción minera, seguridad social y educación, suministros, construcciones, fundiciones, comercialización y otras que pudieran crearse. Pero como en este país somos ultraístas por naturaleza, en 1985, impuesto un esquema neoliberal de cuño esencialmente economicista por el nuevo inquilino de Palacio, se destruyó la estructura de Comibol y se la relegó a una administradora de contratos de riesgo compartido y/o de arrendamiento. El sueño corporativo de un holding de empresas se postergaba indefinidamente.

Los actuales tiempos de cambio han vuelto la mirada a un Estado productor y se propone una Comibol con seis empresas dependientes (Huanuni, Colquiri, Corocoro, Karachipampa, Vinto y de Recursos Evaporíticos), una de ellas estratégica (Huanuni). ¿Se quiere volver a un holding?, es la pregunta del millón.

La creación y operación de un holding pretende optimizar la gerencia del patrimonio físico y económico del sector minero estatal e imponer una filosofía corporativa que pretende alta productividad. Se crea una red de empresas asociadas que cubren todo el espectro técnico, económico y social con mayor efectividad, y donde el Estado no incursiona en tareas que una empresa de la red pueda hacer con mayor eficiencia. Un ejemplo paradigmático es Codelco, cuya red de más de 50 empresas propias y asociadas le permite un manejo eficiente, reflejado en el desempeño económico y social de esta corporación.

¿Es eso lo que queremos para Comibol?, o ¿queremos volver al pasado? El incluir a Vinto en la estructura y hacer de ESM una autarquía es un contrasentido, el hacer de Huanuni una empresa estratégica es otro. Deberíamos decidir si Comibol será una verdadera corporación o se la degradará al nivel de empresa minera estatal.

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