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Complejidades holográficas

La política sin la ciencia es anacrónica; la ciencia sin la política no es útil; juntas son fructíferas

La Razón / Félix Layme Pairumani

00:01 / 12 de marzo de 2013

Todo incide sobre todo”, dijo Pániker, respecto a la relación entre la ciencia, las leyes y la política. Además de la formación académica, la tarea fundamental de la educación superior es la investigación. No hay universidad sin investigación. De allí que los estudiantes culminen sus estudios con una tesis, por lo que la materia de investigación se debe iniciar desde los primeros semestres. El objetivo de una tesis es encontrar la solución teórica de un problema, y mejor si esta solución incide directamente en beneficio de su población.

Pocas tesis se divulgan. De hecho, la mayoría duerme en los archivos y sus autores (después de alcanzar la licenciatura) ni se preocupan por publicarlas. A su vez, las universidades estatales, ni siquiera con el aporte del IDH se preocupan por resolver esta falencia. Irónicamente, no se permite fotocopiar las tesis, con el argumento de proteger los derechos de autor. Dichas universidades funcionan con los impuestos del pueblo, pero nunca se muestran las tesis al público. Es algo así como si uno pagara para que le tomen fotos y después ni siquiera se las muestran.

Emil Fischer, citado por Einstein, dice que “la ciencia es y seguirá siendo internacional”. La ciencia es para los humanos y no a la inversa; la ciencia es apolítica y es un instrumento neutral. Sus resultados deben ser usados por el Estado para generar políticas y programas de desarrollo. La política sin la ciencia es anacrónica; la ciencia sin la política no es útil, pero la política con la ciencia son fructíferas.

Según Einstein, algunos se dedican a la ciencia sin amor a ella; otros, porque se les ofrece la oportunidad de desplegar sus talentos particulares. Mucho más se ocupan de la ciencia tan sólo por una circunstancia fortuita que se les presentó cuando eligieron su carrera. “Si descendiera un ángel del Señor (dice Einstein) y expulsara del templo de la ciencia a todos aquellos que pertenecen a las categorías mencionadas, temo que el templo apareciera casi vacío”. Pocos son los científicos, algunos son docentes, vulgarizadores de investigaciones científicas; y los más, simplemente ejercen convencionalmente su profesión.

Son las autoridades nacionales las encargadas de administrar el Estado. Ellas toman las decisiones sobre las políticas nacionales, actúan de acuerdo con las leyes. Y las tesis debieran ser sus instrumentos de planificación. Así, privar al Estado de estas investigaciones es atentar contra el acierto de sus políticas. Por tanto, los expulsados por el ángel, desde donde estén, deben asumir su compromiso con el pueblo, dando en la medida de sus posibilidades.

En este sentido, para contribuir con el espíritu de la Ley Avelino Siñani, sugiero: 1) Recuperar la creatividad para elaborar planes y proyectos de desarrollo de las lenguas nacionales. 2) Contribuir en la producción de materiales didácticos para lograr la tradición de lectura y escritura. 3) Evitar peleas sobre problemas de forma antes que de fondo, que el orden de los sumandos no cambia el resultado, mucho más en un mundo donde reina la ambivalencia. 4) Hacer una evaluación de la producción literaria en lenguas nacionales para saber qué falta hacer. 5) Si se quiere ser genuino, incluso se debe procurar restaurar la epistemología andina, para realizar investigaciones y producir materiales de forma apropiada.

La ley se debe acatar. Sumergirse en polémicas estériles y de desgaste es ir contra los mismos principios democráticos; postergarse y quedarse en una especie de letargo es aislarse de la construcción del país.

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