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Comprame

Sueños y esperanzas, en nuestro medio, se encuentran dentro del mundo ritual

La Razón / Mitsuko Shimose

00:12 / 02 de febrero de 2012

Sueños. ¿De qué están hechos? El material del que están constituidos es inasible. Las esperanzas comparten tal vez la misma materia prima. Sueños y esperanzas, en nuestro medio, se encuentran dentro del mundo ritual. Se pueden intercambiar y compartir más allá de cualquier tipo de creencia que se tenga.

Hay que soñar en grande dicen muchos. Sin embargo, los bolivianos soñamos en y por medio de la miniatura. Miniatura que tiene su propia celebración en la que caben todos nuestros anhelos: la feria de Alasita. Es así que este espacio ficcional se instala, sólo por el 24 de enero, en muchas plazas de nuestra ciudad. La plaza España fue una de las tantas en la que se pudo apreciar este despliegue lleno de fantasía. Keika Uchibori, agregada de la Embajada de Japón, cree que esta tradición es muy interesante. “Siempre quiero comprar algo, es como comprar un sueño”, dice. Añade además que algo parecido que se podría encontrar en Japón, en cuanto a creencia, es en Año Nuevo. “Los japoneses van a los templos y allí compran un tipo de amuleto o talismán para un año entero. Pero no hay algo como Alasita, algo en miniatura, porque nosotros sólo tenemos talismán o amuleto, no hay tantas variedades; en cambio aquí se puede comprar cualquier cosa”, cuenta.

De este modo, cada 24 de enero festejamos Alasita (término aymara que quiere decir “comprame”) cuyo representante es el dios de la abundancia: el Ekeko. Tal vez porque nuestro país necesita de ella es que esencialmente tenemos una fiesta que celebra la opulencia. Pero, como todo dios, el Ekeko exige ofrendas para conceder los deseos de los que se los soliciten, las mismas que serán reproducciones exactas en miniatura del objeto de sus peticiones. A pesar de no ser muy devoto de la tradición, David Ríos Mostajo, quien se encontraba en la feria, cree que lo que uno compra es un objetivo que puede conseguirlo con esfuerzo y perseverancia”. “Yo me compré un terrenito para tener platita, ladrillo, estuco, una parejita por ahí y un autito y un título para que haya prosperidad en un tiempo cercano”, apunta.

El Ekeko llega cargado con nuestras ilusiones. Cada año nos recuerda nuestras carencias que son llenadas con casitas, autitos y viajecitos de ensueño. Las caseritas nos venden anhelos a bajo precio: “Comprame”, dicen primero y “Que se haga realidad”, luego de una compra. Nora Apaza, una de las vendedoras, señala que este año tuvo muy buena venta, especialmente de billetitos. Ella supone que vendió mucho porque además ofrecía el servicio de sahumerio gratuito.

Compramos nuestras carencias para llenarnos con sueños. Y aunque nuestras expectativas no se cumplan al año siguiente, repetimos el mismo ritual con la misma esperanza del año anterior. ¿Por qué? Porque nuestra riqueza radica precisamente en nuestra capacidad de soñar, de imaginar un futuro mejor.

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