Columnistas

Consenso de los commodities

El nuevo consenso (cómo no) trae mucho de lo viejo: exportaciones de minerales e hidrocarburos

La Razón / Arcilla de papel - Lourdes Montero

00:00 / 29 de abril de 2013

En los últimos diez años tal parece que en Bolivia hemos transitado del Consenso de Washington al Consenso de los Commodities. Esto implica la hegemonía de un conjunto de ideas vinculadas no sólo a la administración de la economía sino fundamentalmente a la ideología y la política.  

Antes que nada, ¿a qué llamamos Consenso de los Commodities? Maristella Svampa nos propone llamar así al ingreso de América Latina en un nuevo orden global sostenido por el boom de los precios internacionales de las materias primas, demandadas insaciablemente por los países emergentes. Esto ha configurado un contexto de crecimiento económico pero, al mismo tiempo, de consolidación de viejas asimetrías sociales y nuevos riesgos ambientales.

En este consenso, como en los anteriores, hay ganadores y perdedores; y me atrevo a decir que en Bolivia, con algunos matices de color de piel, los ganadores son los mismos de siempre. El nuevo consenso   —cómo no— trae mucho de lo viejo: exportaciones de minerales e hidrocarburos; pero se agrega la diversificación soñada de la revolución del 52, la agroexportación.

Estos buenos negocios inundan de dinero la economía nacional y mejoran la capacidad de consumo de la población (lo más visible), pero también conllevan procesos de reprimarización de las economías y serios problemas en su seguridad alimentaria, cada vez más dependiente de los intereses del agronegocio.

Sin resolver los conflictos históricos del extractivismo minero, ahora estamos embarcados en una rápida ampliación de la frontera agrícola con dinámicas de despojo de territorios “improductivos” y la imposición de una lógica de “tumba, quema y chaquea”. Cualquier reclamo es contrarrestado con argumentos sobre un sacrificio aceptable en aras de la lucha contra la pobreza y el progreso. Apelan a tu pragmatismo y sensatez, y si no te convencen, te acusan de antimoderno o fundamentalista ecológico.

De la mano del consenso van nuevas prioridades de desarrollo. La agenda incorpora con fuerza proyectos de infraestructura, sobre todo caminos, puertos, corredores bioceánicos, hidroeléctricas y sofisticada tecnología en comunicaciones que facilitan el tránsito de las materias primas a sus puertos de destino. ¿Le es familiar este discurso?

Los consensos no se basan sólo en el orden económico que imponen, sino necesitan un marco ideológico que los sustente. Ahora los argumentos tienen el nombre de “ventajas comparativas” sugiriendo el carácter irresistible de la actual dinámica extractivista dada la conjunción entre la creciente demanda global de bienes primarios y la riqueza inacabable de nuestra América. Capitalismo progresista, capitalismo de Estado, capitalismo más humano, llame como usted quiera a la ideología de la resignación.

En síntesis, este nuevo conceso (como el de Washington) implica la aceptación de nuestro lugar en la división global del trabajo, una subordinación al orden geopolítico que en el pasado sólo nos vendió la ilusión del ingreso a la modernidad. Discutamos cómo, de este nuevo consenso, pensamos arrancar nuestro derecho al desarrollo.

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