Columnistas

Construcción discursiva del caudillo

El discurso puede ser un eficaz medio movilizador y sensibilizador de las sociedades empobrecidas

La Razón / Carlos Ernesto Ichuta Nina

00:14 / 25 de julio de 2013

En el ámbito de lo político y la política, el discurso ocupa un lugar fundamental, ya que representa lo que el voto en las democracias actuales; es decir, un mecanismo de poder.  Desde los analistas del discurso, hasta los estudiosos del mensaje, el discurso ha sido visto en ese sentido como el factor a través del cual sería posible la construcción de escenarios en tonos de blanco y negro, ya que los mensajes buscarían identificar al héroe y al villano, construyendo así al benevolente víctima de las fuerzas del mal, definiendo el lado bueno y el lado malo de la política. En un mundo dominado por los medios de comunicación, la construcción discursiva en los tonos blanco y negro resultaría incluso más exitosa, sobre todo porque el discurso acompañado de imágenes se presentaría como una barata construcción frente al costoso análisis de los hechos tal como se presentarían en la realidad.

Por ello, en manos de los agentes del poder, el discurso sería un eficaz medio movilizador y sensibilizador de las sociedades empobrecidas. Hoy, el gobierno de Evo Morales cuenta entre sus agentes y operadores con uno de los más importantes conocedores de esa lógica del poder y del mensaje político, y por tanto de los efectos del discurso, no por estudiado ni estudioso, sino por desempeñarse como un político profesional: Álvaro García Linera. La facilidad del Vicepresidente para la generación de un discurso impresionable no sólo depende, sin embargo, del puesto que llegó a alcanzar, sino que constituye una habilidad desarrollada mucho antes de su llegada a las aulas universitarias; solo que merced a su habilidad pudo en éstas atrapar a muchos incautos estudiantes. Y se dice incautos, porque una vez que esos admiradores adquirieron ¿sentido de realidad?, pasaron al lado de los detractores, siendo identificados, por boca del mismo Vicepresidente, como “resentidos”.

Con esa facilidad, García Linera fue promotor del “evismo”, en un tiempo en el cual el Gobierno todavía no era acechado por las fuerzas reacias a la hegemonía neoindigenista; pero ese afán constructivo tampoco transcurre sencillamente, porque la realidad social le destina al Vicepresidente al lugar del intelectual sin vinculación orgánica; es decir, al simple generador de ideas. Y desde esa trinchera, García Linera no ha cesado en su tarea de construcción de Morales como el caudillo, siempre en función del “manejo del daño”.

Así, más allá de que los gobiernos de España, Italia, Francia y Portugal develaran el poder indiscriminado que Estados Unidos ejerce sobre el mundo, violando los derechos internacionales adquiridos por Morales, García Linera espetó: “El Presidente de los bolivianos hoy por hoy está secuestrado en Europa, queremos decirle a los pueblos del mundo que el presidente Evo Morales ha sido secuestrado por el imperialismo. Es el primer secuestrado por el imperialismo porque no se le permite atravesar espacio aéreo europeo para regresar a nuestra patria (...)

Sabemos de que esa obstaculización ha sido instruida por el Gobierno de Estados Unidos, que le tiene miedo a un campesino, a un indígena, a un hombre honesto que defiende la soberanía de nuestra patria; enarbolando una política de imperio decadente y prostituido apelan al terror, al miedo, al control policiaco de su propia población, del mundo, y hoy del primer Presidente indígena” (La Razón, 2 de julio).

Tal balacera de dispositivos, combinados con oportuna astucia, resultan difíciles de medir en sus efectos, más allá de su redencionismo; sin embargo, para algunos esa medición sería posible a través de los votos, olvidándose que el discurso no sólo busca afectar eventualmente, sino también en el largo plazo, cuando de construir caudillos se trata.

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