Columnistas

Construyamos un sistema único de salud

Cada trozo del sector de salud hace lo que se le ocurre ante la ausencia de una estructura sistémica.

00:45 / 21 de octubre de 2016

Según la OMS, un sistema de salud es la suma de todas las organizaciones, instituciones y recursos que operan de manera coordinada e interactiva con el objetivo de mejorar la salud y la atención médica de la población. Para ello se necesita personal especializado, financiamiento, información, suministros, transportes y comunicaciones, así como una orientación y una dirección generales. Además, tiene que proporcionar buenos tratamientos y servicios que respondan a las necesidades de la ciudadanía y sean justos desde el punto de vista financiero. En el país lo anterior no se cumple, por tanto, no tenemos un auténtico sistema de salud.

La Constitución Política del Estado (CPE) establece que la salud es un derecho de toda la población y que la atención médica debe ser gratuita. Más de la mitad de la población no tiene seguro de salud, y los que tienen reciben una mala atención. En consecuencia, se incumple la CPE, vulnerando el derecho a la salud de todos los bolivianos.

En los 10 últimos años, los sucesivos ministros de Salud han intentado sin éxito implementar el Seguro Universal de Salud (Susalud), que cambió de nombre por el de Sistema Universal de Salud. Entre tanto, se han implementado programas aislados como el denominado “Mi Salud”, que puede pertenecer a la atención primaria en un primer nivel, pero no forma parte de política de Salud Familiar Comunitaria Intercultural (Safci), porque se restringe de forma no sistematizada a unos pocos municipios.

Sería injusto no reconocer las mejoras que se han registrado con algunos programas e inversiones de diversa índole, pero éstos no han sido ejecutados de manera sistémica. Por ejemplo, programas de atención primaria que corresponden al primer nivel los realiza el Gobierno central, y la política Safci, que debería aplicar y gestionar el Ejecutivo, se ejecuta de manera muy parcialmente en el subsistema público de salud y no en la seguridad social ni en el subsistema privado. Ni siquiera hay coordinación interna en los propios subsistemas y, por el contrario, hay enfrentamientos mediados por el partidismo. En síntesis, cada trozo del sector de salud hace lo que se le ocurre ante la ausencia de una estructura sistémica.   

Se dice que Chile gasta seis veces más que Bolivia en salud, sin niveles excepcionales de satisfacción en la mayoría de los casos. Sin embargo, no tiene ningún sentido exigir mayor presupuesto si un plan concertado que precise para qué se usará, aunque de manera obvia se conozca que la salud requiere mucho dinero. Inevitablemente nuestros gastos en esta área se van a multiplicar en los próximos años debido a la inversión para la construcción de 47 hospitales, y más aún si se implementan políticas previsionales para asegurar recursos humanos y un funcionamiento sostenible de estos proyectos.

Podemos afirmar que, con los recursos que se tienen, si se desarrollase el primer nivel, poniendo en práctica la Atención Primaria de Salud (APS) con una estructura organizacional y un modelo de gestión sistémico único y concertado, sería posible implantar un seguro universal con prestaciones esenciales. De todas maneras, en vista de que están mejorando sustancialmente las condiciones, se hace más urgente construir un adecuado sistema que atienda la salud de nuestro pueblo. Aunque nada será posible si antes no se logra una concertación nacional, eliminando radicalmente los antagonismos, que permita desarrollar acciones armónicas entre los gobiernos nacional, departamentales y municipales, reformulando el subsistema asimétrico de seguridad social, haciendo partícipes a los gremios despolitizados, porque la salud no debería tener color partidario, y consolidando la participación estratégica de las universidades, que están obligadas a responder a las necesidades en recursos humanos y capacitación del sistema. Para todo esto es vital generar confianzas, abandonar intenciones autoritarias, hegemónicas o protagónicas, y que todos los actores tengamos una participación horizontal y solidaria. Si esto no ocurre, la atención de la salud seguirá siendo dispersa, precaria, fragmentada, asimétrica, excluyente y discriminadora.         

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