Columnistas

Construyendo sueños

Las transnacionales que no arriesgaron un peso, pero se llevaron el 82% de las ganancias

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

02:55 / 21 de marzo de 2014

Cuarenta. Cuarenta y cinco grados y uno siente que se derrite. La transpiración baja desde la cabeza, cruza la cara, se detiene en el cuello y se queda en esta camisa gruesa de jean que nos dieron. Una camisa dura y gruesa que protege de los mariguis y otros bichos pero que aumenta el calor.

Imagina a mi abuelo Hugo, a los cinco hermanos de mi abuela Roxana, al hermano de mi otro abuelo, Julio, que murió en la contienda. Los veo en mi mente con sus uniformes caqui en medio de ese demencial calor peleando por un pedazo de tierra en la que solo los indios querían vivir. Veo ese Chaco hace casi 100 años, donde quedaron los huesos de 50.000 bolivianos y 40.000 paraguayos.

Y ahora, es en esa región donde se construyen los sueños de los bolivianos. Ahí está situada la planta separadora de líquidos Gran Chaco, con la que se logrará la soberanía en gasolina para los bolivianos, y si Liquimuni en La Paz resulta el megacampo que se imagina, también tendremos en unos años más soberanía en diésel y hasta podremos exportar este hidrocarburo.

Pero, además, Gran Chaco nos proporcionará los productos necesarios para fabricar una amplia gama de plásticos y de fertilizantes. Luego estuve en San Alberto, un campo descubierto por YPFB hace muchos años, que fue entregado como si fuera campo nuevo a las transnacionales que no arriesgaron un peso, pero se llevaron el 82% de las ganancias. Recalco esto para que nunca nos olvidemos lo que fue el infierno neoliberal.

Y acompaña a San Alberto Itaú, y luego Margarita y Sábalo. Todos ellos en producción. Y luego, 40 otros proyectos que se están trabajando hoy por hoy y que garantizarán seguridad energética al país.

Este viaje ha sido una inyección de optimismo. Hoy estoy seguro de que dejaremos a nuestros hijos un futuro mejor. Que estamos construyendo lo que anhelamos desde que éramos chiquillos y comenzamos a militar en la revolución. Un país donde las materias primas adquieran valor agregándoles trabajo de los bolivianos.

Uno de los hermanos de mi abuela Roxana, Jorge, que fue a la guerra con otros cuatro Muñoz Reyes, fundó YPFB, y mi abuelo Hugo Salmón, que luchó en la contienda y en las filas del nacionalismo revolucionario, se habrían sentido muy orgullosos. Lo sé. Ellos comenzaron a levantar ese sueño que el proceso revolucionario hace realidad.

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