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Consultar dosificando

Todos los gobiernos, sin excepción, “mandan obedeciendo”. La cuestión, desde siempre, es a quién (o qué) se obedece. En la Eurozona, por ejemplo, hoy los gobiernos mandan, sin atenuantes, doblegados ante los dictados de la indolente Troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea). Y vaya que obedecen: con el guiñador a la derecha, de rodillas, casi pidiendo perdón.

La Razón / José Luis Exeni

02:09 / 26 de febrero de 2012

Obedecen tanto y tan bien estos gobiernos que, a título de austeridad, han subordinado sus Estados, sus democracias, sus constituciones, su soberanía (no hablemos ya de dignidad) a los mandatos/intereses de un “fascismo financiero” que no repara en nada: ni en países, ni en culturas ni, menos, en personas.

Un “imperio totalitario” que, con el chantaje de la impagable deuda, lo devora y estrangula todo.

Mandan obedeciendo. Y para que no haya duda de su leal obediencia castigan con rabia a cualquiera que, insumiso, no obedezca. Esta semana, está visto, el poder reaccionó con fuerza bruta contra adolescentes que protestaban por recortes en la educación. La “primavera valenciana” fue precozmente atizada con golpiza. Son “el enemigo”, a decir del Jefe Superior de Policía. Y al enemigo, ¡porra! Así está el Norte global y sus indispuestos sures internos. Unos, resignados; otros, apaleados; los más, impotentes. Con recetas de ajuste probadamente fallidas. Con democracias de papel rehenes de poderes fácticos.

Con una política postinstitucional que reclama aprendizajes, nuevos cauces. Con itinerario diseñado a imagen y semejanza del capital financiero. Con indignadas, indignados, indignaciones…

En nuestra comarca sabemos bien de imposiciones tales. En los años dorados de la democracia pactada, cuando la hegemonía era celebrada a título de “gobernabilidad”, los gobiernos también mandaban obedeciendo. Eran tiempos de mucha flema (incluida la mediática), de megacoaliciones, de promiscuidad. Eran tiempos de “ajuste/asuste estructural” con joint venture culito blanco-chalina de vicuña.

Allende ayeres, asistimos hoy a un innovador pero aún incierto ejercicio democrático: del mandar obedeciendo hemos transitado, sin atajos, al consultar dosificando. La diferencia no es irrelevante. Y es que una cosa es decidir con arreglo a mandatos y otra, muy distinta, consultar con arreglo a dosis. ¿Se puede lograr mayoritario consentimiento sin habitar prisionero de minoritarios vetos? ¿Se quiere?

Veamos la consulta. En la Constitución Política se define con claridad que este derecho presupone, al menos, seis atributos con rango de condiciones: que tenga carácter previo, que sea obligatoria (realizada por el Estado), que se haga de buena fe, que sea concertada, que se efectúe de manera informada y que sea libre. No es poca cosa. La consulta requiere un complejo ejercicio de traducción intercultural.

Y el consultar dosificando trajo consigo un séptimo atributo que, siendo fundamental, hay que celebrarlo. Pese a estar ausente en la propia Constitución y haberse negado en la Ley del Régimen Electoral, ahora la consulta, como acontece con el referendo, tiene carácter vinculante, a saber, es de cumplimiento obligatorio (en especial para los órganos del poder público). Vieja batalla.

Lo que ha de resolverse con claridad, para que no haya confusión ni engaño, es cómo garantizar que la consulta, además de vinculante, sea previa (no posterior), obligatoria (no impuesta), de buena fe (no con malas artes), concertada (no maltrecha ni rota), informada (no manipulada ni a ciegas) y libre (no atada). Laboriosa prueba/reto para la demo diversidad con experimentalismo. Y enhorabuena.

Dicen que “los primeros 300 años de democracia son los más difíciles”. Puede ser. Ello no implica que en los primeros 30 hayan de quemarse todas las naves. La desesperanza –Lec dixit– nunca cumple sus promesas. La esperanza sí. “Es caprichoso el azar”. Hay latidos. Hay cielo cómplice.

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