Columnistas

Contaminación

Nos olvidamos que este accionar destructivo genera siempre una reacción sobre el medio ambiente

La Razón / Walter Nielsen Reyes

02:45 / 19 de julio de 2012

La creciente contaminación del medio ambiente (con enormes cantidades de monóxido de carbono, el envenenamiento de los ríos, lagos, océanos y superficies terrestres), provocada por el incontrolable aprovechamiento de la naturaleza por parte del hombre, está adquiriendo proyecciones apocalípticas en el muy maltratado y bello planeta azul, la única casa que tenemos personas, plantas y animales.

Nos olvidamos que este accionar destructivo, ejercido de manera consciente o no, genera siempre una respuesta sobre nosotros mismos y el resto de los seres vivos; que la naturaleza no perdona y que con el paso del tiempo (siendo finito para la Tierra y sus habitantes) nos convertiremos en polvo, igual que en el origen. No obstante, esto podría suceder más pronto de lo que se piensa.

En efecto, aunque no lo parezca, la hora final depende del interés, tiempo y eficacia que dediquemos para resolver con perentoria prontitud el ya gravísimo problema del calentamiento global, causado por la contaminación ambiental manifiesta en todas sus formas. Lucha que, simultáneamente, debe incluir la búsqueda de soluciones frente a la problemática que genera la basura que no es reciclada, y que diariamente se acumula en ingentes cantidades. Pues, se sabe, los desechos orgánicos y derivados del petróleo (como el plástico) emiten gases tóxicos, que se han acumulado por miles de años en la atmósfera y lo siguen haciendo. Esto debido no sólo a la actividad humana, sino también natural, incluidos fenómenos volcánicos y secuelas de fuentes incendiarias.

A todo ello se suma la polución que produce la excesiva población mundial, actualmente gobernada bajo un modelo capitalista de consumo, sin pausa ni medida, que tiende al suicidio colectivo y a la extinción de las demás especies animales. Sistema de autodestrucción en el que todos participamos (consciente o inconscientemente), gracias a un masivo conglomerado de ineptos y nunca visionarios padres de familia; y a los eternos mezquinos y miopes gobernantes, mal llamados “padres de la Patria”, y sus consuetudinarias taras heredadas.

Para colmo de males, la población, gracias a su infinita ignorancia, no ve o no toma en serio su condición carnívora, cual “caníbales” modernos acosados por los aparentemente inofensivos venenos de consumo masivo gradual: la carne roja, la sal, el azúcar y la harina blanca elaborada a partir de sustancias químicas; así como muchos otros productos modernos. Por ejemplo el dentífrico, la promiscuidad, la pornografía, la violencia, la música estridente y monótona, el aire contaminado (con gases tóxicos emitidos por toda clase de maquinarias e industrias que afectan la vista y pulmones), costumbres nocivas y un largo etcétera que deterioran la salud, la paz y el bienestar de las personas.

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