Columnistas

Contrariedad universitaria

La Razón (Edición Impresa) / Tribuna - Carlos Ernesto Ichuta Nina

02:30 / 17 de agosto de 2015

Las malas noticias sobre nuestras universidades no resultan extrañas para quien conoce o terminó por desconocer la lógica de funcionamiento de estas complejas instituciones, ya que quien tiene contacto con sus prácticas formales e informales y sus modos de organización racional e irracional resulta envuelto no solamente por un ambiente que huele a ciencia y conocimiento, sino también a rancio, por la confrontación de los muchos intereses que la conforman, y que en muchos casos terminan por atrapar o ahuyentar a sus agentes.

Si bien todas las universidades han sido obligadas a transformarse por efecto del aumento de su matrícula, la creación de nuevas carreras, la introducción de las tecnologías de la información, la internacionalización, la adecuación de contenidos a la realidad, y un largo etcétera, aquel rancio ambiente no se ha disipado, ya que en los últimos años las denuncias sobre enriquecimiento ilícito, favoritismo, constitución de republiquetas, acoso, en fin, corrupción a todo nivel ha comprometido a cada una de las principales casas de estudio.

Ello es evidencia de una crisis del sistema universitario que sin embargo no es reciente, sino inherente a su propio funcionamiento. Por ello, si bien para un lego el problema acaecido en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) causó perplejidad, para un universitario representó simplemente la actualización de aquella crisis. Crisis arropada por una autonomía universitaria que es utilizada como un estandarte muy avejentado que cubre una Caja de Pandora, no dejando ver lo indecible de sus formas a la opinión pública.

De hecho, el ahora rector de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) llegó a ocupar dicho sitial con la promesa de acabar con la corrupción al interior de esta institución. El 7 de enero, la prensa publicó así los resultados de una auditoría realizada por la Contraloría General del Estado, según la cual la UMSA había sufrido una malversación de Bs 13,2 millones solo entre 2006 y 2009. Pero el objetivo de que la UMSA sea vista “como una caja de cristal” no representa el problema toral de una crisis estructural, cuyas diferentes ramificaciones dan cuenta de la falta de plenitud para la actividad científica y académica.

Pese a ello, para su próximo congreso la UMSA ha anunciado un proyecto que tiene que ver con el plan de egreso de sus alumnos con el título de maestría. El argumento es estandarizar académica y científicamente a esa casa de estudios y equiparar la formación de sus estudiantes con la de las universidades del mundo (Página Siete, 27.07.2015).

Sin embargo, penosamente en el contexto internacional nuestras universidades se encuentran sumamente rezagadas, tanto que las diferentes entidades encargadas de elaborar los rankings de las 200 mejores universidades de América Latina (Topuniversities, Shanghái, QS University) ubican a la UMSA, la Universidad Católica Boliviana, la UMSS, la Universidad del Valle y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, en ese orden, entre los últimos 50 lugares.

Como metodológicamente esos rankings se construyen sobre varios indicadores, queda claro que poner a nuestras universidades a la par de las universidades brasileñas, mexicanas o chilenas, por ejemplo, mejor calificadas y que titulan licenciados, no depende de otorgar títulos de mayor valor, sino de “revolucionar” las universidades.

Además, en un contexto con escasas oportunidades laborales y de desperdicio de capital humano recientemente egresado supone que la crisis del sistema universitario no es endogámico, aunque su solución tampoco depende del “planteamiento del Gobierno de relanzar la autonomía universitaria” (La Razón, 06.08.2015), que suena más a querer controlarlo todo.

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