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Contrarrevolución

Un inmenso vacío, la nada, parece haberse adueñado de esta Unión Europea inane políticamente

La Razón (Edición Impresa) / José Ignacio Torreblanca / La Paz

00:18 / 24 de septiembre de 2016

El eje franco-alemán está de capa caída, España (más bien Mariano) está ausente, los holandeses, otrora europeístas, están de retirada, Renzi clama en el desierto, Bélgica hace tiempo dejó de existir y el Reino Unido ha acabado en manos de los bárbaros que quedaron detrás del muro de Adriano.

Un inmenso vacío, la nada, parece haberse adueñado de esta Unión Europea inane políticamente. Pero en política no existe el vacío. El poder es sólido, líquido y a la vez gaseoso: si no está en un sitio, está en otro.

Y eso es lo que está pasando en la UE. Mientras los europeístas de siempre siguen enzarzados en sus tan típicos como escolásticos debates sobre la Europa a varias velocidades, el federalismo intergubernamental, las virtudes del “método de la Unión” frente al “método Monnet” o la necesidad de completar la unión bancaria, un grupo de líderes, todos ellos provenientes de Europa central y oriental, ha comenzado a hacerse subrepticiamente con el liderazgo de la UE.

Frente al inoperante eje franco-alemán, atenazado por el pánico a los populistas xenófobos en un año electoral largo, el húngaro Viktor Orbán (adalid ideológico del concepto de democracia “iliberal”), el eslovaco Robert Fico (otro martillo preclaro de refugiados e inmigrantes no cristianos) y la polaca Beata Szydlo (colmo del chovinismo) han logrado, en la cumbre de Bratislava, imprimir un giro soberanista e identitario a la política de asilo y refugio de la UE.

Ante este empuje, liderado por otro polaco, Donald Tusk, presidente del Consejo, y el silencio cómplice de los demás Estados miembros, la Comisión y el Parlamento europeo se aprestan a desistir de su empeño de poner en marcha una política de asilo y refugio europea basada en principios en los que nos podamos reconocer. “Menos cuotas y más controles” han exigido, y logrado.

Frente a los populistas antieuropeístas, esta generación ha descubierto que en lugar de marcharse a la británica y quedarse aislado, es mejor quedarse en la UE y, aprovechando el vacío de liderazgo, darle la vuelta como un calcetín para convertirla en un ente cerrado. Ha comenzado la contrarrevolución: esperemos que Marine Le Pen y el FN francés no se apunten.

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