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Contrastes en noviembre

Entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre de cada año, la ciudad de La Paz vive dos realidades.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:19 / 09 de noviembre de 2017

En los últimos años fue más notoria la importancia que tiene para la sociedad boliviana la fiesta de Todos Santos; aunque a la par cada año también crece la celebración de Halloween. La primera revela un dispositivo católico con un trasfondo basado en la memoria de los allegados fallecidos, a quienes se les rinde una especie de homenaje alegórico que deja ver el respeto por su partida de la tierra. Hoy, como siempre, esa costumbre, bastante arraigada, conlleva una alta carga cultural.

Entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre de cada año, la ciudad de La Paz vive dos realidades: Halloween —inicialmente— es una fiesta vinculada con lo importado, y por esa razón, negada y criticada por muchos. Pese a ello, es evidente que cada vez sienta más presencia entre las costumbres de esta urbe, especialmente en el mundo de los niños y adolescentes, quienes, buscando caracterizarse como algún personaje de terror, alientan el comercio de disfraces. Habrá que decir, empero, que los pequeños rostros enmascarados o pintados con deformidades más que asustar, terminan resultando simpáticos.

En el caso de Todos Santos, su energía de identidad propia exige la preparación y acopio de elementos alegóricos a la fecha como t’antawawas, flores, caña, frutas, pasankallas, entre otros, que servirán para recordar a los difuntos. Además, un espacio público y silencioso como son los cementerios se convierten en un lugar agitado por el movimiento generado en su interior desde días previos, debido al mantenimiento de lápidas que realizan los albañiles y limpiadores, y las oraciones y canciones que ofrecen el mismo día de la celebración, el 1 de noviembre, los rezadores y los grupos de música.

Pero volviendo a la festividad de Halloween, es preciso reconocer que ésta es una realidad y una demostración más de que la globalización es parte inevitable del vivir contemporáneo. Al igual que otras influencias que se ven a diario, y que si bien no son de tinte macabro, refleja  adhesiones discutibles como la vestimenta que algunas mujeres bolivianas adoptaron con el uso de pañuelos y túnicas, que reflejan su apego a creencias religiosas árabes, cuya cultura es cuestionada —desde los derechos humanos— por coartar la libertad de pensamiento y acción de la mujer.

Está visto que además de representar un torbellino de diversión en el que se sumergen los niños, Halloween es una fraternidad difusa que promueve y representa la máxima inautenticidad debido al anonimato impregnado en los disfraces. Sin embargo, es esta característica la que principalmente marca su diferencia con la festividad de Todos Santos, ya que esta última es una tradición que ante todo emana identidad. Asimismo, logra la intensificación de sus cualidades rituales, porque éstas sencillamente están llenas de sentido de la religión católica y otros signos culturales. En cambio, Halloween denota ser una expresión sin una clara esencia real, pues si bien es amable con la ciudad a partir de la diversión sana que despierta en niños y jóvenes, el único interés que lo acompaña es el de acumular dulces.

En cuanto a lo urbano, la ocupación tumultuosa del espacio público de ciertas calles y avenidas es notoria en ambas celebraciones; y el saldo también se observa en dos tipos de imagen expresiva: los disfrazados y los borrachos sin disfraz. Con todo, Halloween y Todos Santos conviven dentro del imaginario social gracias a las singularidades que ponen de manifiesto en las rememoraciones y expresiones a las que hacen alusión. 

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