Columnistas

Convivir bien, felices y tranquilos

Un principio general es no poner todos los huevos en la misma canasta, diversificar riesgos

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:00 / 17 de enero de 2016

Ayer tuvimos la evaluación general de la Unidad de Acción Política dentro del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca). Un tema central era la relación con las comunidades con que trabajamos en siete departamentos del país y dentro de ellas, cómo concretar el tema del vivir bien —o mejor, convivir bien (suma qamaña o, mejor, qamarasiña, en aymara)— más allá del simple eslogan.

Para ello es útil distinguir la dimensión organizativa o política, por un lado; y, por otro, la económica-productiva. En la dimensión político-organizativa se ratificó la prioridad de la autonomía AIOC, como otra forma de desarrollo. Charagua podría ser el nuevo Ucureña. Un punto en el que, más allá de las diferencias culturales, casi todos coinciden es el rol fundamental de la asamblea comunal e intercomunal (a partir de sus delegados), sobre todo a los niveles más locales. En muchas de ellas juegan también un papel importante los principios de la rotación y el camino o escalafón por los que todos deben ir pasando por cargos de autoridad para evitar el riesgo de perder sus tierras, aunque ponderando a la vez las destrezas o experiencias diferenciadas que tienen unos y otros para determinados cargos.

En la dimensión económica productiva se depende más de las posibilidades ecológicas de cada región. Tomándolas en cuenta, con su experiencia acumulada durante casi medio siglo, Cipca ha logrado desarrollar sus propuestas económico productivas (PEP) diferenciadas de una región a otra. Lo que se prioriza en cada una de ellas, en medio de esas diferencias, es que sea un desarrollo sostenible en el tiempo y que, en lo posible, aguante vicisitudes climáticas de un año a otro en estas nuevas amenazas de calentamiento global.

Un principio general es no poner todos los huevos en la misma canasta, diversificar riesgos. Siguen algunos ejemplos prácticos. En las tierras altas no hay que dejarse seducir por las ganancias repentinas pero pasajeras de la quinua, dedicándole de manera precipitada tierras más idóneas para los camélidos como los bofedales. Ya hemos llegado a una fase en que los precios de la quinua han bajado a la mitad. Otro criterio es poder asegurar precios mínimos estables aun cuando los avatares del mercado los bajen momentáneamente demasiado, para lo que pueden conseguirse acuerdos intermunicipales.

En las tierras bajas boscosas las principales propuestas se basan en la agrosilvicultura, que prioriza combinar actividades agropecuarias que no precisan derribar la selva. El caso estrella es, tal vez, el del cacao criollo, con el que en dos años seguidos ya se ha logrado un reconocimiento internacional entre las cacaos más ricos y resistentes a plagas. Para consolidarlo se deben asegurar buenos manejos.

Hay un punto en el que debería ampliarse la actual legislación, para asegurar el acceso a diversos pisos ecológicos complementarios; abrir la posibilidad de que un mismo pueblo IOC y región pueda romper el límite entre departamentos, pueda tener también territorios discontinuos; e incluir su piso socioecológico urbano, ante el caso creciente de doble residencia urbana y rural, tema soslayado por el Censo 2012.

Pueden verse más detalles en la web y en publicaciones resultantes de los varios foros andinos y amazónicos latinoamericanos realizados en años recientes, apostando sobre todo por las pequeñas y medianas empresas (pymes) que mejor combinan su eficiencia e innovación.

Es antropólogo lingüista y jesuita.

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