Columnistas

Corazón de la naturaleza

El actual enfoque de desarrollo económico está estrangulando nuestras fuentes de agua

La Razón (Edición Impresa) / Marlene Quintanilla ­

02:48 / 09 de septiembre de 2014

Las mayores reservas de agua dulce del país están localizadas en acuíferos subterráneos, lagos, lagunas y ríos en las cuencas de la Amazonía y de la Plata, abarcando el 66% y 21% del territorio boliviano. Ambas han sido catalogadas como las de mayor importancia hidrológica por su disponibilidad de agua y ubicación biogeográfica, caracterizada por un mosaico de ecosistemas que interactúan desde siempre con la naturaleza y las acciones humanas.

El manejo de cuencas es clave para garantizar la disponibilidad del agua, sobre todo en nuestro país, que dependemos de su almacenamiento natural en las altas montañas que aún conservan suelos saludables y presentan la capacidad de absorción del líquido elemento a través de los densos árboles y la cobertura vegetal. La planificación de cuencas surge en respuesta a las presiones como la incesante deforestación, la degradación de bosques, la escasez y contaminación de agua. Esta última un peligro cada vez mayor, porque los ríos son utilizados para eliminar la basura de los centros poblados, el vertido de aguas residuales por falta de alcantarillado sanitario, lixiviación de agroquímicos provocados por la agroindustria y peligros mayores son el agua residual de la minería y las afecciones a los acuíferos por la exploración y explotación hidrocarburífera.

Sin duda estas afecciones podrán ser consideradas exageradas, pero la realidad es que desconocemos la severidad de las afecciones en la salud humana, sobre todo porque no monitoreamos la calidad de agua en forma permanente, y estamos poco concientizados sobre el peligro que afrontamos con la reducción del agua en la naturaleza y menos aún de lo que implica su contaminación. Lo cierto es que estamos perdiendo ecosistemas, especies y calidad ambiental. Nuestros humedales, catalogados en su mayoría de importancia internacional por la convención Ramsar, muestran a Bolivia como el principal país comprometido en su conservación en más de 14 millones de hectáreas y 11 sitios, pero no se visibilizan planes que aseguren el uso y manejo racional de los recursos hídricos.

Los retos son inmensos, tanto en el ámbito mundial como de país. En los últimos años crecimos un 21% respecto a 2001, llegando a más de 10 millones de habitantes en 2012.

Con esta dinámica de crecimiento, la demanda de agua se incrementa no solo por el aumento de la población, sino también por la visión de desarrollo enfocada a la expansión agropecuaria y minera. Existe la necesidad urgente de planificar el manejo y uso de agua a nivel de cuencas, si queremos ofrecer soluciones no solo para los bolivianos, sino además para nuestra naturaleza, que también tiene el derecho al agua, porque necesita de ella para su subsistencia.

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