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Corrupciones...

Precisamos preguntarnos dónde se origina la corrupción, ¿en la ética y los valores aprendidos?

La Razón / Esteban Ticona Alejo

02:09 / 05 de enero de 2013

Cómo podemos contribuir desde la investigación social y el mundo académico al conocimiento profundo de la perversidad de la corrupción? Tenemos una ley anticorrupción que es muy interesante; pero la teoría bonita no soluciona el problema. ¿Qué otras tareas podemos hacer como ciudadanos comunes?

Considero que darle tanta prerrogativa al mundo jurídico para que indaguen y sancionen a los corruptos no nos ha arrojado interesantes resultados; y no creo que tengamos efectos halagadores en el futuro. En el reciente lío de la extorsión vemos a abogados investigando a sus colegas. ¿Habrá algún resultado interesante? Tengo mis dudas. Precisamos ser muy autocríticos y  preguntarnos, ¿dónde está el mal? ¿En los valores y la ética aprendidas? Y, ¿dónde se aprende pues esos valores y la ética? En el hogar, en la educación, principalmente. ¿Es ahí donde estamos fracasando? En el día a día escuchamos, e incluso alguna vez preguntamos al chofer: ¿Puedo aprovechar para bajar?, sabiendo que no es el sitio apropiado para hacerlo; pero de todas maneras “lo aprovechamos”. Esta práctica, ¿es la cotidianización de una forma de corrupción?

En estos días vemos a muchas familias hacer “fila por un cupo” para que sus hijos estudien en algún establecimiento educativo elegido. Dicen que se sacrifican así porque son colegios de prestigio. ¿Será? ¿A qué le llamamos prestigio? Sabemos que muchas de estas familias no son de la zona donde está el establecimiento; pero han elegido estos colegios para que sus hijos tengan mayor “roce”, e iniciar así la movilidad social. Para cristalizar todo esto se inventan facturas de luz, y así justifican que viven en la zona; o levantan listas para negociar con la dirección el acceso de los hijos.

En fin, ¿acaso toda esta experiencia no es otra forma de hacer corrupción? Esta actividad debería ser erradicada por el Ministerio de Educación, ¿cómo? Declarando a todas las escuelas y colegios fiscales del país, según alguna ordenación numérica. Creo que así nos evitaríamos la aglomeración en torno a los nombres que “lo hacen prestigioso”. Así combatiríamos a un “valor de prestigio dudoso”, que lo único que ha alimentado y alimenta es el hacernos sentir que algunos se educan en los mejores centros educativos y otros en los peores.

Volviendo a los abogados, siempre me pregunté, ¿por qué existe tanta demanda para estudiar Derecho? ¿Existe un mercado laboral capaz de absorber a tantos “doctores”? ¿Qué valores se enseña en la formación de los abogados? ¿Los profesionales corruptos en este rubro son mestizos, indígenas? ¿Es posible pensar que estamos frente a una cultura de la corrupción?  Creo que varias investigaciones desde el mundo social, cultural y político podrían proporcionarnos variadas respuestas.

También interesa mirar el mundo privado, es decir, a las empresas y sus ramificaciones, ¿cómo se da la corrupción en este mundo? Hay que recordar que empresas como el LAB, AeroSur y otras son grandes ejemplos de esta práctica. Además, siempre se comenta que muchos empresarios llevan doble registro de sus cuentas. El Estado, mediante la repartición correspondiente, sólo conoce lo externo; pero existe otra cuenta oculta, ¿cómo corroborar o desvirtuar que en ese mundo privado también existe corrupción? Yatxatañasawa uka jan wali sarnaqawinakatxa.

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