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Creencias

La Razón (Edición Impresa) / Pensar - Farit Rojas Tudela

00:00 / 04 de enero de 2016

Estas fechas en las que se celebra Navidad, Año Nuevo y Reyes sirven para mostrar cómo funcionan las creencias. Siguiendo las reflexiones que el filósofo esloveno Slavoj Zizek hace sobre la película La vida es bella, me animé a hacer un experimento navideño.

En la cena de Nochebuena que compartí con unos amigos que ya son papás, ellos fingieron que fue Papá Noel quien dejó los regalos de Navidad bajo el árbol. Me animé a preguntarles, sin que los niños escuchen, si en verdad creen en el Viejo Pascuero. —Por supuesto que no, lo hacemos por los niños, me respondieron. Después, aprovechando un descuido de los padres, les pregunté a los niños si creen que Papá Noel dejó los regalos bajo el árbol. —Por su puesto que no, no somos idiotas, lo hacemos por nuestros padres, ellos creen que nosotros lo creemos, me respondieron. Este experimento me reveló una de las facetas de las creencias en la que nadie cree, pero que concurrimos a creerlas porque hay un otro que debe de creerlas.

Se puede aplicar este ejemplo a muchas otras cosas, por ejemplo nadie cree que Eva hubiera salido de la costilla de Adán, pero por ello no mandamos a la Biblia a las obras de ficción; así como nadie cree en los socialismos y ecologismos que se propagan en el mundo, pero no por ello les exigen a los partidos a que cambien sus nombres. Los gobernantes de algunos países —dizque— socialistas se comportan como los padres frente al árbol de Navidad, creen que sus pueblos creen que las medidas que ellos toman son socialistas y hasta incluso ecologistas, aunque de verdad no lo sean. Sin embargo, los pueblos concurren a fingir que creen que así lo son, porque de una forma u otra concurren a legitimar las formas en las que los gobernantes se eligen; dicho de otro modo, son su responsabilidad.        

Cabe preguntarse, ¿cuál es la utilidad de creer que el otro cree y aun así, pese a que se sepa que es posible que éste otro no lo crea, se mantiene la mentira? Una respuesta puede ser que se lo hace por mantener el orden social; pero si fuera así, todo orden se basaría en una mentira que todos sabemos y que sin embargo jugamos colectivamente a creer, es decir que no habría más orden que aquel que se extiende como creencia.

El ejemplo que daba Zizek sobre la película La vida es bella radicaba en que la película hubiera tenido un giro más sorpresivo si el niño al que el padre le hace creer que se encuentra en un concurso para ganar un tanque hubiera sabido todo el tiempo que estaba en un campo de concentración y que fingía solo por su padre. Hubiera sido un giro de dignidad, pues de esta manera podría decir, como me dijeron esos niños la noche de Navidad: “No soy idiota, si actúo así lo hago por mantenerlos entretenidos en la película”.

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