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Crisis

La crisis es una coincidencia de cambios en el conjunto de una realidad organizada

La Razón / ¿Es o no es verdad? - José Gramunt de Moragas

01:00 / 13 de enero de 2013

Los adolescentes suelen estar en crisis de crecimiento, familiarmente llamada la edad del burro. Pues, mire usted por donde, una palabra que con el tiempo ha ido adquiriendo las aplicaciones más diversas es la crisis. Por si le sirve, aquí va una definición de emergencia.

La crisis es una coincidencia de cambios en el conjunto de una realidad organizada. Sirve para calificar una situación política o económica, o un estado de salud corporal o mental. Yo no me atrevería a decir que el todavía presidente venezolano Hugo Chávez está en crisis. Está en un coma inducido, cuyo desenlace no es otro que la muerte. ¡Macabro ejemplo!

Crisis es la palabra comodín para referirse, por ejemplo, a calamidades geológicas (los terremotos y volcanes), meteorológicas (huracanes o diluvios), biológicas (plagas de insectos dañinos, enfermedades contagiosas). Por este camino de comentarista profano me arriesgo a mencionar algunos contenidos de la palabra crisis. Pongamos algunos ejemplos más.

Sospecho que la crisis más cercana es la corrupción de la red de extorsiones. La prensa es la encargada de informarnos de esta plaga. En el terreno político mundial, veo la pérdida de credibilidad de los partidos: El “cambio” político, tal como nos lo quieren hacer creer, es por definición una crisis que abarca un amplísimo abanico de actividades humanas, públicas y privadas. En este momento ha llegado a reventar: en forma de corrupción. Aquí va la prueba: todos a utilizar el instrumento de la administración de la Justicia (corrompida, salvo pocas pero meritorias excepciones). Esta es la crisis más visible de la sociedad en que vivimos.

También estamos pasando por una crisis religiosa. Ya no es el ateísmo furibundo sino la increencia, concepto muy vago que podría caricaturizarse como el “nomeimportismo”, a la castellana, el “manfutismo”, a la francesa o el “menefreguismo” a la italiana. En cualquiera de estas y otras lenguas, suena a crisis. Algo así como el “comer, beber, dormir y pasear”, tal como lo dejó escrito de puño y letra el pintor español Francisco de Goya y Lucientes, al pie de una lámina dibujada a carboncillo.

La increencia está próxima al nihilismo, tan en boga en los también críticos siglos XIX y XX. Una manera pintoresca y cómoda de ser increyente es la que hemos oído en alguna gente bien que se cree estar al día: “Gracias a Dios, soy ateo”.

Por último: ¿está usted pasando por alguna crisis? Confío en que ya pasó por la edad del burro. Y que esta licencia mía no le haya molestado. Gracias.

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