Columnistas

Cristianismo revolucionario

El movimiento del padre Goyo tiene por objetivo organizar productivamente al pueblo mexicano.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Zambrana Marchetti

02:44 / 12 de febrero de 2015

El miércoles 4 de febrero de 2015 tuve la oportunidad de presenciar una peculiar conferencia de prensa frente a la Casa Blanca. Había llegado desde México el célebre padre Gregorio López Gerónimo, más conocido como el padre Goyo, un sacerdote con sangre indígena purépecha (tarasca) que hizo su tesis sobre el El Capital de Carlos Marx, estudió Antropología Teológica, y que no se limita a sembrar en el reino de los cielos, sino que también sale a las calles a organizar a su iglesia para defenderse en esta tierra. Un cura que, a pesar de caminar en contracorriente, tiene buenas relaciones con el Vaticano del papa Francisco.

Aquí están las dos caras del cristianismo, pensé. Un cura revolucionario, hablando en nombre de un pueblo pobre, frente a la sede mundial del cristianismo capitalista, en cuya esencia existen dos categorías de seres humanos, con el mandato de honrar a Dios de formas diferentes. Los ricos y superiores, con bondad y misericordia para con los pobres e inferiores, y éstos con el espíritu de obediencia, fe y paciencia para con los primeros, de tal manera que los pobres no se levanten contra los ricos (John Winthrop: Modelo de caridad cristiana). Un método de control social que legitimó el exterminio del indígena, el despojo de sus tierras, el esclavismo y la explotación. Esa complicidad ha sido generalizada y que el Papa está tratando de enmendarla, pensé y me dispuse a escuchar sobre la causa del padre Goyo, de cuya presentación transcribo algunos fragmentos.

“Es el crimen organizado quien está dirigiendo al país y por eso necesitamos la ayuda de gente joven, noble y con ideas. Por eso venimos a visitar a las organizaciones civiles para transformar desde la fuente de trabajo. También estamos pidiendo becas a las universidades para nuestros jóvenes, y finalmente estamos pidiendo apoyo de las instituciones de gobierno, particularmente a la Casa Blanca, a la cual le traemos un documento pidiendo un alto a las armas que llegan a México a través del Plan Mérida, porque esas armas van a manos del Gobierno, pero también a manos de los criminales. Hemos descubierto las mejores armas con matrículas de Utah: barretts (rifles automáticos), M60 (ametralladoras), y hasta lanzagranadas que no había hace un año. Estamos llenos de armas en manos de los delincuentes. Necesitamos que los congresistas pongan esto en consideración. Que investiguen el programa Rápido y furioso y tantos programas de armamentismo para ver a quién están beneficiando acá. Quiénes son los artífices criminales de esta maquinaria de guerra”.

Durante la noche, el sacerdote nos explicó a residentes bolivianos que su movimiento tiene por objetivo organizar productivamente al pueblo, habilitarlo para competir en la economía de mercado, educarlo, y defenderlo con una red de información y acción comunitaria. Esos objetivos me parecieron bastante parecidos a lo hecho por el presidente Evo Morales en Bolivia.

En conclusión, la causa del padre Goyo constituye una esperanza de que el catolicismo pueda retomar la senda de Jesús en defensa de los pobres. Habrá que educar también al clero en economía política y antropología, y promover a suficientes padres Goyos en la jerarquía eclesiástica, como para que un concilio ecuménico del Siglo XXI pueda modernizar nuestras creencias con una teología de la dignificación de todo ser humano, su respeto, y su defensa en esta tierra.  

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