Columnistas

El Cristo de Espinal con martillo y hoz

El tallado de madera de Luis Espinal es un llamado a la necesidad de dialogar con todos.

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:00 / 19 de julio de 2015

Ya resumí el sentido del tallado del Cristo de Luis Espinal con  la hoz y el martillo al final de otra columna reciente (LR 15-06-15); pero el tema ha causado después tanto revuelo, que considero oportuno añadir nuevos detalles. Se trata del Cristo que Espinal recibió en sus votos al concluir su noviciado en 1952, y que se inspira en una pintura de Velásquez. Dos décadas después, ya en Bolivia, le añadió un simbolismo complementario al cambiarle sus dos palos por el martillo vertical, como la nueva cruz, y la hoz como su base. Es un claro llamado a la necesidad de dialogar con todos, pero no una declaración de filiación partidaria. Sin ser militante de ningún partido concreto, él sí fue el que por consenso pudo aglutinar a periodistas de mil tendencias de izquierda, cuando juntos decidieron fundar el semanario Aquí para poder publicar lo que los grandes medios no se animaban a difundir durante las dictaduras militares.

En el cajón con herramientas para sus tallados que le regaló nuestra comunidad no mucho antes de su martirio seguían los palos originales de la cruz, como puede apreciarse en la película Un mártir incómodo, filmada por Mariona Ortiz y Ana Masllorens para la TV3 catalana en 2010. Pero no hemos logrado saber a dónde ha ido a parar ese cajón. Ese es uno de docenas de tallados sobre temas muy diversos realizados por Espinal desde que llegó a Bolivia, bastantes de ellos reproducidos en la flamante reedición de sus Oraciones a quemarropa, tallas en madera y testimonio de la Huelga de Hambre, salida justo a tiempo para la visita del Papa la semana pasada. Uno de los últimos y el mayor de todos es también sobre la huelga de hambre que propició el fin del régimen de Hugo Banzer Suarez, complementando así el texto escrito por él mismo.  

Cuando mataron a Espinal yo heredé esa cruz sin mayor trámite, dado que vivía en la misma casa e incluso en el mismo cuarto. Cuando fui a vivir a la comunidad aymara de Qurpa, allí llevé la cruz, hasta que el pasado marzo, el Moro Alfonso Gumucio presentó en la Cinemateca una reedición de su bello libro Luis Espinal y el Cine, y, para ello, yo hice traer el tallado. Al traerlo se rompió un pedazo de la hoz, porque éste, como la mayoría de los demás tallados, se hizo con pedazos de muebles viejos; Lucho Espinal también nos enseñaba así cómo dar nuevos y bellos sentidos a lo ya desechado, en línea con la reciente encíclica verde de Francisco, Laudato si. Era otro medio para expresar lo mucho que llevaba dentro.

En esa presentación, bastantes le sacaron fotos y así llegó al Canciller y al Presidente. El primero me pidió poco antes de la llegada de Francisco que le prestara el Cristo. Le dije que no, pero que si querían hacer réplicas, no había problema. Y apenas media semana antes de la llegada del Papa apareció en mi casa Gastón Ugalde, junto a dos de sus principales ayudantes, para tomar fotos y medidas. Es uno de los más afamados y creativos artistas del país y el autor, entre otros cuadros sobre Lucho, de la bella tapa de la mencionada reedición. En cuatro días Gastón alistó la réplica que Evo entregó al Papa. A éste le sorprendió porque ni estaba previsto ni sabía que Espinal se expresaba también como artista. Pero, como ha ido aclarando el propio Francisco desde su tertulia con los periodistas en el avión y después con mayor detalle ya en Roma, lo ha entendido muy bien. El debate mundial que ello ha suscitado se ha debido a la falta de información o, en varios casos, a interpretaciones deliberadamente tendenciosas.  

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