Columnistas

Criticar y juzgar

Para don Simón Rodríguez, criticar, juzgar y decidir son los atributos de los pueblos conscientes.

La Razón (Edición Impresa) / José Félix Díaz Bermúdez

00:19 / 23 de noviembre de 2016

Si queremos conocer y valorar el auténtico pensamiento político y filosófico de don Simón Rodríguez con respecto a la conducta ciudadana, en su estudio Crítica a las providencias del Gobierno, impreso en Lima en 1843, encontramos reflexiones sustanciales. Rodríguez comienza ese ensayo analizando dos conceptos primordiales: criticar y juzgar, señalando con respecto al primero que “no es sindicar ni distraer”, y con respecto del segundo, que es “atender a la razón que se descubre en las cosas y en las acciones”, los cuales se vinculan de manera incontestable al raciocinio de los hombres.

Apreciando la necesidad de que los ciudadanos ejerzan a plenitud sus competencias y cumplan sus deberes sociales, filosofaba el ilustre maestro sobre las circunstancias humanas y la mejor manera de enfrentarlas, señalando que “El hombre que piensa poco cree mandar, cuando en realidad obedece: cede, como todos ceden al poder de las circunstancias”, las cuales son variables, pero ante ellas los pueblos no pueden resignarse, siendo el acontecer histórico “al mismo tiempo influyente e influido”.

Se interesaba Rodríguez en que los ciudadanos supiésemos juzgar y actuar ante los hechos, y defendía “el derecho que cada uno tiene, en una República, para dar su voto sobre lo que interesa a todos”, como expresión inequívoca de democracia y libertad de una nación. Criticar, juzgar y decidir son los atributos de los pueblos conscientes.

Opuesto a la ignorancia e indiferencia ciudadana ante los asuntos del Estado, exigía en los hombres conocimientos y aptitudes para formar la sociedad destacando que “en la República, la opinión forma tribunales contra el Gobierno” para examinar sobre lo público, ya que “la causa final de la sociedad es oponer la razón al despotismo”. La República es contraria al sometimiento de los hombres. A su juicio, los pueblos deben “penetrar el espíritu de las providencias públicas” y juzgar sobre ellas para salvaguardar el bien común.

Tal era parte del pensamiento político de este insigne educador, uno de los maestros más notables que tuvo el Libertador Simón Bolívar en su juventud, y quien luego de encontrarse con su discípulo en el Perú, cuando entonces alcanzaba su extraordinario sitial como hombre y estadista principal de la independencia de América, le acompañó hasta Bolivia para desarrollar su proyecto educativo, fomentando de manera creativa y original escuelas cuyo avance no fue aceptado por la sociedad de la época y que hoy, sin embargo, constituyen precedentes en materia de educación. Simón Rodríguez fue un maestro extraordinario de la nueva América, la que requiere ciudadanos virtuosos para formar repúblicas.

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