Columnistas

Cuba y los turistas gringos

En los días de mi grata estadía era uno de los pocos huéspedes de origen ancestral del gran Abya Yala

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

02:28 / 19 de diciembre de 2015

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar nuevamente La Habana. Mis queridos amigos de la Casa de las Américas me alojaron en un hotel de gran renombre, símbolo de Cuba: el Hotel Nacional, declarado monumento nacional. En sus instalaciones se pueden encontrar muchos vestigios de su propia historia, como algunos cañones acompañados de una pancarta que reza: “Estos cañones son patrimonio de la humanidad, ayúdelos a conservarlos.

No se siente en ellos. Agradecemos su colaboración”; o por ejemplo a pocos metros uno encontrarse con una cueva, hoy museo, creada a raíz de la crisis de los misiles en 1962. Recorrer este minimuseo es aprender algo de la historia profunda de defensa de Cuba, país que aún está bloqueado económicamente por EEUU, en fin. Además el Hotel Nacional, ubicado en un barrio llamado Vedado frente al malecón, tiene un gran espacio entre jardines y miradores, y está lleno de fotografías sobre la revolución cubana y sus actores. 

En los días de mi grata estadía era uno de los pocos huéspedes de origen ancestral del gran Abya Yala, pues la mayoría eran gringos de EEUU o de algunos países europeos, y uno que otro de origen sudamericano. Sabiendo del lugar privilegiado donde estaba, me puse a observar sentado en varios lugares del hotel, como el lobby, los amplios jardines y la cafetería. Es increíble el flujo turístico de gente que deja y otros que llegan a cada momento. Una gran mayoría de estos turistas son de la tercera edad, supongo que jubilados y jubiladas que decidieron conocer Cuba; y otra parte pequeña son jóvenes que en algunos casos acompañan a los abuelos y/o padres. También me llamó la atención ver hombres mayores (¿jubilados, viudos?) emparejados con jóvenes cubanas. Los gringos, sobre todo los procedentes de EEUU, manifiestan una actitud de soberbia (aunque pueden haber algunas excepciones), pues no otra cosa es alquilar carros descapotados de los años 60 y 70 para salir en masiva caravana con gritos desenfrenados, lo que interpreto como una actitud de arrogancia imperial por mostrar el poder económico y pretender hacer con él lo que les viene en gana.

Sabemos que la gringa es una sociedad inmersa en el mundo del show y del espectáculo, entonces también manifiestan fuera de su país aquel espíritu de desenfreno y ese afán por evidenciar su mayor poder adquisitivo y tecnológico.

Algo que me indignó mucho fue que este grupo de gringos que pululaban en carros antiguos, creo por toda la ciudad de La Habana, arribaron al hotel a las cuatro de la madrugada, cantando la famosa canción Guantanamera. No es que esté en contra de sus deleites y borracheras, pero sí contra la desconsideración y petulancia sin límites, que en este caso no solo manifestaron contra los cubanos, sino también en contra de todos los alojados en el hotel símbolo de Cuba. Pensé reclamar a la administración, pues esos alaridos de “wanthanamera” a lo gringo me jodieron mi sueño, y constatar que fueron los gringos los responsables me dio mucha bronca.

Es de conocimiento público que Cuba vive del turismo, que es el segundo rubro de ingresos económicos de este país; ¡qué pena que tengan que soportar las descomposturas de los gringos! Por último, en esos días empezaba el 37º Festival Internacional de Cine, lástima que no pude asistir, ojalá en otro momento. Cuba markaru sarantawayta pasir urunakana. Ukanxa wali k'ank'a jaqinakawa wali purintapxi, munañan munañawa sarnaqapxi, ukaw jan walikiti. ¡Jallalla Cuba!

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