Columnistas

Cuervos y ‘tarajchis’

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 17 de abril de 2016

La base social de este proceso de cambio revolucionario en Bolivia son las organizaciones y movimientos sociales, que representan el 50% de los votos democráticos comprobados en el último referéndum. No hemos contado con el apoyo de las principales ciudades, excepto El Alto, siempre firme con el país y los sueños de cambiar el mundo. Han sido mínimos los votos de la zona Sur de La Paz o de Santa Cruz o de Pando. Es claro dónde, territorial y organizativamente, estamos construyendo la Bolivia del Vivir Bien.

Quiero analizar el fenómeno conceptual que se está nutriendo desde la derecha opositora, con asesoramiento de los sectores transnacionales y capitalistas de EEUU, y que algunos funcionarios del Gobierno le hacen eco; me refiero a la llamada clase media. El hecho de que el pueblo trabajador haya mejorado en términos de niveles de vida y poder adquisitivo del salario que gana con su trabajo no lo desclasa, no lo convierte automáticamente en otra clase; ese es un error político que deviene de quienes, estando en el Gobierno o en la oposición, elucubran teorías sobre la clase media.

La clase media es un invento del sistema capitalista para tener un colchón humano, económico, político social y simbólico que le permita aislar a ciertos sectores del pueblo trabajador que logran mejoras tanto económicas, culturales y de acceso al conocimiento; y que de no ser utilizados por los capitalistas, podrían apoyar y acelerar los procesos políticos de autoconciencia y autonomía del resto del pueblo. De ninguna manera me quiero referir con esto acerca de vanguardias o iluminados que guían al resto, sino más bien de compañeros que son lo mismo que nosotras y nosotros, pero que ponen al servicio de  todas y todos lo que tienen, lo comparten para que todas y todos tengamos y sepamos.

Entonces, la clase media en verdad no existe, pues lo que en realidad existe económicamente es el pueblo trabajador, que mejora sus condiciones de vida y su salario. Lo que falta analizar es cómo el racismo, el colonialismo, el machismo y el capitalismo se imponen como modelos de seres humanos, de vida y de sociedad. Lo otro que nos falta analizar, a quienes somos revolucionarias y creemos en nuestro pueblo, es cuánto hemos creado y consolidado, en la comunidad del Vivir Bien, como propuesta de humanidad y mundo.

Es imprescindible descolonizar nuestra vida, nuestros cuerpos y nuestros sueños; además quiero referirme a lo que significaron los desplantes colonialistas de Luis Bredow y Xavier Albó. Al respecto me pregunto ¿para qué el Gobierno premia a cuervos y tarajchis?, ¿para que después nos saquen los ojos y nos echen de nuestras casas? No pues, compañeros, no metan pues así la pata; esos errores fortalecen el desclasamiento y la despolitización de nuestro pueblo, con el mal ejemplo de falta de respeto por este proceso de cambio de indios e indias. Somos pueblo trabajador, hablamos por nosotras mismas, sonreímos y mejoramos nuestras vidas poco a poco, caminando hacia el Vivir Bien de todas y todos.

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