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Cuidarlos

A este niño no lo consolará el nuevo Código Niño, Niña Adolescente cuando sea aprobado

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

04:06 / 17 de abril de 2014

En menos de una semana, entre el 3 y el 7 de abril, un bebé de tres meses murió intoxicado porque su padre mezcló leche con alcohol en la mamadera para que dejara de llorar; otra niña de un año y ocho meses murió asfixiada porque sus padres la metieron en un cajón y bloquearon todo ingreso de oxígeno con el fin de embriagarse sin ser fastidiados por la niña, decir su hija es demasiado ambicioso o mejor, un vocablo injustamente utilizado para semejante estupidez.

Que no lloren, que no molesten, que dejen de gritar, que no hagan ruido, que no se muevan. En otras palabras, que enmudezcan, que sean inmóviles, que sean invisibles, que no existan. Parece que los padres o los responsables de los niños nacieron adultos, olvidaron su infancia, los maleducaron para ser padres. No fueron alertados sobre el arte de comunicarse con quien no habla pero se expresa a través del llanto o breves sonidos como señales de contento.

Que en Bolivia ocho de cada diez niños, niñas y adolescentes sean castigados con golpes, jalones de orejas, fracturas de brazos y piernas, heridas por cortes o quemaduras causadas por su madre, padre, hermanos mayores, abuelos o tíos, ya es síntoma de una falta de valores, falta de moral, del desequilibrio que padece la sociedad. Los datos proporcionados por la Defensoría del Pueblo dan cuenta de que más de 20.000 niños viven en centros de acogida, cuando el 75% de ellos tiene familia; triste de admitir, pero sus familias, sean las razones que sean, no viven con ellos.

¿Son tantos los niños no deseados? ¿Son más importantes las actividades fuera de la casa que no permiten a los padres atender a sus hijos? Si la respuesta es afirmativa, entonces no queda duda que estamos frente a una catástrofe social, donde los hijos que hemos engendrado son un fastidio, merecedores de abandono.

Qué angustia debe estar sintiendo un niño de nueve años para que en medio de la calle llore y con voz entrecortada diga, a quien quiera  escucharle, que no hay día que se lleve bien con su mamá. A este niño no lo consolará el nuevo Código Niño, Niña Adolescente cuando sea aprobado. No existe decreto que lo abrace, que le diga que no llore que todo estará bien. No hay autoridad ni gobierno que le enseñe que a los hijos hay que escucharles desde que son bebés, que educar es muy distinto de castigar, si ahora que es niño su madre se enoja porque se comió las galletas que ella se antojó.

Una niña de seis años con mucha gracia le preguntó a su madre ¿cuando eras como yo, vivías mejor? La pregunta fue lanzada a quemarropa a todos los que estábamos en el minibús. Es una pregunta crucial. La respuesta debe ser bien pensada, aunque debe darse con urgencia.

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