Columnistas

Cultos peligrosos

En los últimos años han proliferado extrañas iglesias que son un peligro para una sociedad libre

La Razón / Alejandro F. Mercado

00:46 / 13 de octubre de 2012

Cerca a la casa de mi abuela vivía un joven estudiante de bellas artes, quien después se convertiría en un destacado artista. Nosotros, lo chicos del barrio, que teníamos aproximadamente unos diez años, lo veíamos con curiosidad y hasta con cierta admiración, por lo que nos sentimos halagados cuando en cierta oportunidad nos invitó a conocer su estudio. Mientras él pintaba un retrato, nuestros ojos escudriñaban cada rincón de su ambiente de trabajo y no parábamos de hacerle preguntas.

Le pregunté qué pensaba hacer en el futuro, si pensaba que podría vivir de la pintura. Mientras esbozaba una sonrisa me respondió que pondría un negocio, cuando pregunté en qué negocio había pensado, volvió a sonreír y me dijo que pondría una iglesia. Yo, que era un niño proveniente de una familia católica conservadora, quedé aterrado, ¿dónde me había metido? Quería salir corriendo y si no lo hice fue por temor a su mirada más que por otra cosa.

Nunca más volví a su taller y cuando lo veía en la calle me pasaba a la acera del frente o me daba la vuelta y caminaba lo más rápido posible. Después de muchos años lo vi en una nota de prensa presentando sus obras; si lo hubiese encontrado personalmente probablemente me habría vuelto la sensación de miedo que me causó de niño, muchas veces esas experiencias se quedan marcadas para siempre. No sé si habrá puesto el negocio que pensaba.

Lo cierto es que en las últimas décadas han proliferado extrañas iglesias, en la Argentina hasta hay una iglesia maradoniana. ¡Vaya tontería! Entre ellas hay muchas que no solamente son un excelente negocio para sus dueños, sino un verdadero peligro para una sociedad libre. Aprovechándose de la ignorancia de las personas o, peor aún, de sus necesidades y desgracias, han organizado ciertas sectas donde se encargan de lavar el cerebro a sus víctimas para convertirlas en esclavos modernos. En la mayor parte de los casos existe una persona que asume características mesiánicas y que dice transmitir mensajes divinos, ello con el objetivo de convencer a sus seguidores que deben entregar sus ingresos y bienes a la iglesia y, en los casos extremos, realizar espantosas acciones en favor de la secta.

Entre los cultos más infames recordemos a la denominada iglesia de Manson, cuyos adeptos cometieron muchos crímenes y escribían en las paredes con la sangre de sus víctimas. Otro de los casos más espantosos fue la denominada Iglesia del Pueblo, en la cual el autoproclamado reverendo James Warren Jones logró convencer a centenares de jóvenes para que se suiciden.  

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