Columnistas

Cultura en los lugares

Existen calles que se han transformado  en especiales por los peatones que transitan aquellas arterias

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:47 / 04 de febrero de 2016

Todas las ciudades del planeta cuentan con una infraestructura vial, la cual cumple con su función básica de circulación peatonal y del parque automotor. Asimismo las calles y avenidas, rodeadas por contenedores o edificaciones, logran articular una ciudad. Las primeras son útiles para el funcionamiento vial correcto, y las segundas, para convertirse en algunos casos en referentes de la imagen formal de la ciudad.

Empero, no cabe duda que, independientemente a ello, existen otras tantas calles o avenidas que se han transformado en especiales gracias a la concurrencia de peatones que transitan por esas arterias. Nos referimos por ejemplo a la calle Los Andes, la cual se ha convertido con el tiempo en la vitrina urbana más importante de la venta o alquiler de la vestimenta típica de los bailes populares de La Paz. Es una callejuela donde alegóricamente el disfraz de moreno, pepino y otros se exponen en maniquíes que parecen añorar ser lucidos en los cuerpos de los danzarines.

Así los bordadores muestran el arte y su labor en esa vestimenta, cuyos colores fuertes, mágicos y con corte singular han terminado en síntesis modificando la expresión del lugar y lo más interesante es que allí “lo temporal hace presencia”, no solo porque ese sector del comercio de disfraces funciona por horas, sino que esa calle en ciertas fechas del año es apropiada por bailarines de comparsas del Carnaval, Gran Poder y otros. Todos acuden a esa empinada calle, de poco valor estético y urbano, para alquilar o comprar atractivas vestimentas bordadas con pedrería reluciente o telas típicas. Son momentos en los que esa callejuela adquiere recién la riqueza de la vida urbana.

De esa manera la cultura viva hace presencia en la calle Los Andes, logrando no solo darle una cualidad particular a esa arteria paceña, sino que además denota la expresión viva del baile en las calles que ha ampliado hoy el universo del trabajo artesanal y esencialmente social, ya que allí acude gente de todas las clases sociales que baila conjuntamente en las calles de la ciudad de La Paz. Realidades que no solo cambian el carácter urbano, sino que también logran categorizar a ese vacío urbano como otro lugar de expresión cultural de esta ciudad.

Cabe recordar que la cultura, según escritos, deriva de las palabras cultivar, permanecer, cuidar, preservar. Esto porque describen el sentido que ésta conlleva, lo cual fortalece la vida humana. Y como es de conocimiento público, esas expresiones singulares de los pueblos se han ido perdiendo en muchas urbes, mientras que en otras fueron conservadas para el habitar contemporáneo. Una especie de interés de volver los ojos al pasado para conectarlo al presente, lo cual denota que toda cultura es del lugar.

Es más que evidente que en una ciudad el preservar costumbres y hábitos denota, a la larga, que son valores particulares de las ciudades. De ahí que en la calle Los Andes la actividad del comercio de los disfraces parece afirmar que allí nada existe que no sea igual a sí mismo. Es decir que la cultura viva en una ciudad muestra la fuerza de su valor original y simbólico, que no es otra cosa que su identidad propia, incluso modernizando los trajes típicos, lo cual significa que su esencia persiste en los tiempos.

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