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Cultura popular

Lo folklórico es entendido como lo más representativo de la identidad, y no así otros valores como el arte.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:16 / 17 de agosto de 2017

En el último tiempo, ciertos países han ido reformulando lo popular tradicional debido a que pretenden darle una nueva perspectiva a la cultura popular. Sin embargo, esa búsqueda de cambios no es de hoy, pues en el pasado —en la época moderna— se intentó suprimirla, pero no fue posible pese a la renovada visión de vida e ideales urbanos. Lo singular radicó en que la cultura tradicional siguió escudriñando elementos históricos para incorporarlos dentro de sus expresiones culturales propias.

En cambio, en ese mismo tiempo, otros países no dejaron de vivir con mayor intensidad la fuerza de la cultura popular; tanto así que cualquier hecho de esas características siguió teniendo relevancia y representación en el quehacer de la urbe. Fue el caso por ejemplo de la ciudad de La Paz en los últimos años.

A pesar de ello, las políticas culturales estratégicas no siempre apoyaron ese movimiento dinámico, social y popular, y menos parecieron interesarse en la reformulación o la investigación de antiguas expresiones culturales, así como en la restauración o adecuado mantenimiento de obras relevantes de nuestro patrimonio cultural.

En cambio hoy, pareciera que lo cultural-ancestral forma parte fundamental de todo principio ideológico del Estado. Lo preocupante es que muchas veces lo folklórico es comprendido como lo más o lo único representativo de la identidad, y no así otros valores como el arte, la artesanía, entre otros.

En cuanto a la artesanía, ésta se desarrolla en la mayoría de los países latinoamericanos; tal es el caso de Perú, Colombia, México y otros. No obstante, los artesanos siguen produciendo solo para sobrevivir. Lo paradójico es que quienes defienden sobremanera el patrimonio cultural popular han dejado de buscar una significación que cimiente esas representaciones, las cuales, sin duda, denotan la habilidad innata de los artesanos.

Con todo, hoy no faltan las culturas populares prósperas y de expansión modernizadora que son proyectadas a los nuevos tiempos. Si se busca información al respecto, existen estudios que revelan que en las últimas décadas las culturas tradicionales buscan transformarse, a través de procesos comunicacionales, y proyectarse a lo contemporáneo, ya que entienden que si algo nuevo no sucede al respecto, terminarán solamente en la memoria colectiva o en la simple complacencia melancólica del pasado.

Es evidente que el desarrollo contemporáneo no logrará suprimir fácilmente a la cultura popular pese al avance de la tecnología; sin embargo, debe quedar claro que esta cultura no se concentra solo en el baile folklórico. Así, lo que se necesita impulsar es el renacimiento enmarcado en la diversidad y renovación, a fin de evitar que dicha cultura se congele en el tiempo y,  peor aún, olvide que su caudal radica en la vinculación que logra la sociedad con su entorno cultural.

Es preciso reafirmar que el patrimonio cultural popular no consiste solo en exaltar elementos rememorativos de la cultura o en hacer alusión únicamente a formas ancestrales. Tampoco radica en enaltecer costumbres objetivadas, sino en promover que la tradición para legitimar un presente está en su significado y reinvención.

Por último, resulta pertinente aclarar que lo popular no es monopolio de los sectores populares o que está asociado solo a ciertos grupos sociales. Si fuese así, éstos estarían en la obligación de promover nuevas visiones contemporáneas que sean capaces de integrar valores del pasado con nuevas prácticas simbólicas.

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