Columnistas

Culturas en tiempos de cambios

Es tiempo de promover el desarrollo de las culturas en correlación con el progreso económico

La Razón (Edición Impresa) / Cergio Prudencio

00:05 / 19 de octubre de 2014

Durante la campaña electoral que culminó hace una semana, la cultura estuvo ausente tanto en las propuestas como en los debates. Nada significativo hizo el periodismo para enmendar tal omisión, quedando en evidencia que la materia no inquieta ni preocupa al mundo político.

Curioso y lamentable el hecho, cuando son evidentes las transformaciones y avances emprendidos a este respecto durante la gestión gubernamental en curso. De hecho, las culturas se sientan ahora en la mesa de gabinete y deliberan a la par con asuntos como la economía, la salud o los hidrocarburos. Y éste no es un dato menor, ni en el nivel simbólico ni en el de la gestión. El Ministerio de Culturas es un interlocutor para productores y gestores, como nunca antes hubo. Los premios Eduardo Abaroa han inyectado recursos con impacto directo en la productividad. La creación de Tv Culturas ha abierto un espacio de comunicación pleno y exclusivo a un campo generalmente discriminado en los medios. El Registro Plurinacional de Artistas conlleva beneficios de exención impositiva, etcétera.

Desde luego, todas estas conquistas podrían cuestionarse, observarse, ajustarse, revisarse o hasta modificarse. Sin embargo, es incontrastable el hecho de un Estado en liderazgo y apertura de cauces para la sangre que trajina en multiplicidad de planos simultáneos y concurrentes en el entramado social boliviano.

Adicionalmente, el Estado viene trasvasando recursos para el desarrollo cultural a través de mecanismos como el IDH, generando posibilidades de emprendimiento en regiones postergadas del país; o mediante el apoyo de empresas estatales a iniciativas artísticas. El Estado boliviano ha asumido un compromiso con las culturas sin precedentes históricos. No verlo sería ceguera; no reconocerlo, mezquindad.

Por contraste, el sector privado de la economía no ha respondido en proporción con el aporte estatal, aunque la generación de excedentes le es igualmente favorable. Escudados en la falacia de la así llamada “responsabilidad social empresarial”, los privados gotean recursos, más en ánimo autopublicitario que de genuina atención a la sociedad. Por ello será necesario crear leyes para la captación de una parte del plus valor de esa libre empresa a favor de las culturas. Para éstas, es un derecho; para aquélla, una obligación. Porque Estado y empresarios son parte de un mismo orden económico, sustentado por una única y misma sociedad; y a ambos corresponde tributar en igualdad de obligaciones al complejo humano que los explica y propicia.

Al Estado le esperan grandes desafíos de crecimiento y transformación en sus políticas y estructura, hacia una aún mayor trascendencia. Al orden privado le corresponde en rigor devolverle beneficio a su mercado. Es entonces tiempo de promover legislación factible y adecuada para el desarrollo de las culturas en correlación con el progreso económico.

Es compositor.

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