Columnistas

Cumbre Política

Hace una década que los partidos dejaron de ser los principales intérpretes de la sociedad

La Razón / Reymi Ferreira

00:22 / 20 de enero de 2012

La cumbre de partidos políticos convocada por el Gobierno nacional ha sido calificada por algunos medios como un “diálogo fallido” que no ha arrojado mayores resultados. Pese a estos criterios, es bueno asumir lo positivo de esta iniciativa. Es lamentable que se hayan retirado organizaciones políticas importantes como el MSM, UN y el MNR. Consideramos que no es suficiente argumento para abandonar una cumbre la ausencia de la prensa.

Lo importante de la cumbre es que los participantes, pese a que algunos partidos políticos de la oposición se retiraron, dejaron propuestas por escrito (o se comprometieron a ello) y demostraron estar dispuestos al diálogo. Respecto a los partidos que sí se quedaron, hubo algunos medios de prensa que quisieron minimizar su participación, calificándolos como “partidos difuntos” o “grupos funcionales al Gobierno”. 

Al respecto, cabe preguntarse ¿qué partido además del MAS tiene en este momento más de tres o cuatro parlamentarios? Es tal el fraccionamiento de la oposición que ésta actúa a través de organizaciones ciudadanas y no de partidos políticos.  Por lo tanto, lo del tamaño o vigencia de los partidos que se quedaron no es argumento para descalificar una cumbre. Las ideas no tienen tamaño. Partidos pequeños como el POR hace más de medio siglo impulsaron la Tesis de Pulacayo, o un solitario parlamentario como lo fue Marcelo Quiroga Santa Cruz, en la década de los 70, impulsó un juicio de responsabilidades que marcó historia en la vida política del país. Argumentos siempre habrá para validar o descalificar una cumbre, cuya intención, sin duda, ha sido positiva. Lo lamentable es que un escenario de diálogo sea descartado por aquellos que cuestionan radicalmente al Gobierno por la supuesta falta de diálogo. 

La fragilidad de la Cumbre Política no se dio por el abandono de algunos partidos, sino porque hace una década que los partidos dejaron de ser los principales intérpretes de la sociedad. Los partidos como organizaciones típicas de las democracias representativas han perdido protagonismo frente a las agrupaciones ciudadanas, y principalmente frente a las organizaciones sociales, que han dejado de ser simples grupos de presión para convertirse en actores políticos. Casi todas las gobernaciones y alcaldías en las que ganó la oposición están dirigidas por agrupaciones ciudadanas. 

Respecto al MAS, este no es un partido, sino el instrumento de un conjunto de movimientos sociales que han estructurado un bloque político hegemónico. Basta ver los mecanismos de elección de los magistrados en octubre pasado, o el proceso de selección de candidatos dentro del partido de gobierno, o el peso específico de organizaciones como la CIDOB en el contexto político nacional para comprobar lo afirmado.

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