Columnistas

Cumbre de la desconfianza

La cumbre que debió empezar el sábado fue contrahecha desde su concepción

La Razón / José Gramunt

00:00 / 11 de diciembre de 2011

El Gobierno y sus bases sociales han provocado un grado de desconfianza ciudadana que difícilmente van a poder superar las cumbres sociales u otros ejercicios gimnásticos que los jefes organicen. Es más, me temo que el tortuoso camino recorrido en este 2011, difícilmente va a tener retorno. Y no es que el Gobierno se vaya a caer de un momento a otro. No. Don Evo todavía cuenta con el impulso inercial de sus primeras elecciones ganadas y, aunque menos, de las segundas. Pero ya no puede confiar en que ganará las terceras tal como es su deseo, aunque el propio Don Evo advirtió hace pocos días a sus adversarios que “si me quieren revocar, tendrá que ser con el 64%”.

¡Aviso al navegante! Debo advertir a los lectores que, por las exigencias de la imprenta que me demanda este artículo con excesiva antelación, tuve que entregar mi escrito el viernes pasado. Lo que significa que no cuento con los hechos consumados que certifiquen o rebatan mis razonamientos.

Sigo. La cumbre que debió empezar el sábado fue contrahecha desde su concepción, por cuanto los movimientos sociales en los que se apoyó el Estado Plurinacional Socialista Comunitario fueron resquebrajándose a partir del inicio de este  2011. La COB, a la que creíamos líder indiscutible de los movimientos sociales, ya no era la “gloriosa” de los tiempos del “maestro” Juan Lechín. Por lo demás, entre los hechos que consumaron la escisión de los sectores campesinos, hay que anotar el conflicto del Gobierno con los campesinos originarios del Parque Nacional Isiboro Sécure. Este sector se desprendió de los autóctonos altiplánicos y del tronco masista. A esto se añade una retahíla de problemas pendientes, de los que tan sólo mencionaré los que tengo más a mano.

Aquí están: los constantes y modestísimos bloqueos carreteros, las insoportables protestas cotidianas por calles y plazas, entre todos, tienen a la población hasta el copete. La imprevisión culpable de no haber potenciado los embalses de agua en vista del crecimiento de la población y del consumo; dígase lo mismo de la energía eléctrica y de la producción de gas que está casi paralizada, cuando la demanda crece cada día. Otra más: la farsa de presentar al país como el más atractivo para las inversiones.

Lo que sí ha progresado es la cantidad de automóviles (muchos de ellos de contrabando “legalizado”)  que taponan las calles de las principales ciudades. Asimismo, creció en forma exponencial la plaga faraónica de los teléfonos celulares y de otros chirimbolos electrónicos de última generación. Y, algo más sustancioso: sería injusto no mencionar al ramo gastronómico que los señores diputados nos han recordado al otorgar un premio a Cochabamba por los suculentos platos que sirven a quienes pueden pagarlos. “¡Vivir bien…!

Y para cerrar, ¿qué ojeriza tienen Don Evo y García Linera contra los medios de comunicación y los periodistas independientes? ¿Qué pecado cometieron para que fueran incluidos en la agenda de la cumbre de la desconfianza?

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