Columnistas

La Cumbre de las guayaberas

La Cumbre no ha sido ni tan inútil como algunos afirman ni tan provechosa como otros deseaban

La Razón / José Gramunt de Moragas

01:16 / 18 de abril de 2012

La VI Cumbre de las Américas, celebrada en la histórica ciudad de Cartagena de Indias y a la que el viejo Fidel Castro la llamó ingeniosamente “cumbre de las guayaberas”  (¡Viva el sincorbatismo!), dejó dos asignaturas pendientes: el embargo norteamericano a Cuba y la reivindicación argentina del archipiélago de las Malvinas. Pero quedó claro el peligro de muerte de la Organización de Estados Americanos. El presidente anfitrión colombiano, Juan Manuel Santos, lo dijo claramente: “No habrá otra cima de las Américas sin Cuba”. Fidel ya había desahogado a su gusto, llamando “repudiable” a la OEA. La despenalización de la droga fue reprobada, incluso por el Presidente boliviano, por atentar contra la salud pública y por favorecer al crimen organizado en toda América.

Tampoco el norteamericano Barack Obama se privó de leerles la cartilla a los mandatarios procubanos: “La historia demuestra —dijo Obama— que las naciones son más fuertes y más exitosas cuando tienen legislaturas vigorosas, magistrados independientes, una prensa libre, militares profesionales bajo control civil, sociedades civiles fuertes y gobiernos que son transparentes y que atienden a las necesidades de sus ciudadanos”. Cada sentencia de esta parrafada venía a ser una directa admonición a dictaduras como la de Cuba.

Una de las conclusiones que puede sacarse de esa cumbre es que si la OEA muere, se habrá liquidado la más antigua organización panamericana destinada a procurar una plataforma de entendimiento entre los países del continente. La otra conclusión todavía más preocupante es el plan de algunos presidentes, llamados bolivarianos, de sustituir la OEA por la nueva criatura de la Alianza Bolivariana para Nuestros Pueblos de América (Alba), nacida medio muerta bajo el signo del moribundo Hugo Chávez.

Los menguados resultados de la cumbre han demostrado, una vez más, que detrás de la retórica florida no existen en la mayor parte de los mandatarios latinoamericanos y caribeños ideas claras y pragmáticas para encarar seriamente la integración de los países del subcontinente, ni sobre las potencialidades de una buena relación con los EEUU. Y no espero que la Alianza Bolivariana para Nuestros Pueblos de América posea el milagroso elixir para sanar a los bolivarianos de sus males.

No obstante, la política tiene abundantes mecanismos de maniobra que le permiten cambios, por difíciles que parezcan. Pongo por caso el embargo a Cuba. Creo que si Estados Unidos decidiera suspenderlo, dejaría de ser el pretexto que los hermanos Castro han utilizado durante medio siglo para mantener a los cubanos bajo un régimen dictatorial. Además, con la apertura al mercado norteamericano, el régimen monopólico castrista tendría que liberar el comercio interno, legalizar la empresa privada, y demás libertades que se impondrían por la fuerza de los hechos, tales como la libertad de expresión y asociación. Total, que la fuerza ciega del mercado resultaría más eficiente que el embargo, para el acceso de Cuba a su propia democracia. Y en cuanto a la reivindicación argentina de las Malvinas, imagino que el Reino Unido pasará el asunto a la libre elección de los habitantes de las islas australes ¿ingleses o argentinos?

En resumen, la VI Cumbre de las Américas no ha sido ni tan inútil como algunos afirman ni tan provechosa como otros deseaban.

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