Columnistas

Cumbres en ocaso

La Cumbre Iberoamericana destacó por sus magros resultados y sus buenas intenciones

La Razón / José Rafael Vilar

01:37 / 29 de octubre de 2013

La XXIII Cumbre Iberoamericana (“Del cambio y la transformación” para Iglesias García, su secretario general) fue “De las Ausencias”, porque no asistieron 12 jefes de Estado: Juan Carlos de Borbón (España), Fernández de Kirchner (Argentina), Pérez Molina (Guatemala), Piñera Echenique (Chile), Humala Tasso (Perú), Maduro Moros (Venezuela), Castro Ruz (Cuba), Morales Ayma (Bolivia), Correa Delgado (Ecuador), Ortega Saavedra (Nicaragua), Vana Rousseff (Brasil) ni Mujica Cordano (Uruguay); ningún mandatario del Alba ni del Mercosur (con excepción del paraguayo Cartes Jara), en claro boicot ideológico.

Sólo acudieron 11 (diez, descontando a Rajoy Brey, que no lo es): Martinelli Berrocal (Panamá), Rajoy Brey con Felipe de Borbón (España), Chinchilla Miranda (Costa Rica), Peña Nieto (México), Medina Sánchez (República Dominicana), Passos Coelho y Cavaco Silva (Portugal), Martí Petit (Andorra) y Cartes Jara. El segundo día asistieron Funes Cartagena (El Salvador), Santos Calderón (Colombia) y Lobo Sosa (Honduras).

Aparte de la inasistencia, esta cumbre se destacó por sus magros resultados y buenas intenciones (enfocados hacia la inclusión social y la cultura en su declaración final) y sus principales decisiones fueron que Latinoamérica tenga más peso económico en su manutención y convertirlas en bienales, luego del próximo encuentro (XXIV) en Veracruz. Un dato curioso es que Guatemala, Honduras, Nicaragua y Ecuador no han organizado ninguna de estas cumbres, mientras que España ha hecho tres; y Argentina, Chile, Portugal y Panamá organizaron dos.

Para España y Portugal la cumbre fue provechosa, al promocionar que las nuevas multinacionales latinoamericanas hagan el camino inverso de inversión; también lo fue para Paraguay, pues se reincorporó públicamente al contexto latinoamericano, luego de que decisiones arbitrarias lo excluyecen.

Si bien la cumbre fue inútil, el éxito acompañó a los eventos que la antecedieron: el IX Encuentro Empresarial Iberoamericano (EEI, organizado por el Consejo Empresario para América Latina y su presidente internacional, Urrutia Cantoral), en el que Cartes Jara, Medina Sánchez y Martinelli Berrocal expusieron sobre sus países y, entre otros temas, se discutió el emprendimiento como motor del desarrollo latinoamericano y el impacto de la Alianza del Pacífico, creando un observatorio de políticas públicas y una comisión de trabajo Estado-empresa. Otros exitosos fueron los foros “Iberoamérica: Alianzas para nuevos paradigmas” (en el que se analizó la vinculación industria-universidad, el impacto del crimen organizado y, nuevamente, la Alianza del Pacífico como ejemplo augurioso), II de la Comunicación y XIX Eurolatinoamericano de la Comunicación, la I Encuesta Iberoamericana de Juventudes y el VI Congreso Internacional de la Lengua Española.

La “cumbritis” (término que plagio de mi amigo Armando Loayza Mariaca) demuestra, como ya he escrito antes, su ineficiencia y su despilfarro de nuestros impuestos. Por el contrario, eventos específicos (como los otros mencionados) terminan en éxito por funcionales.

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