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Cusi, ensañados con el irreverente

Irreverente, volátil o folklórico, Cusi es sujeto de odios y amores, pero no se merece esto

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

01:34 / 16 de diciembre de 2014

Gualberto Cusi era, pues, quien para el día de las elecciones judiciales de 2011 invitó a los periodistas a un desayuno en su casa, al estilo de los candidatos políticos que en esas fechas especiales buscan congraciarse con los medios de información y, quizás, así llegar a los electores. Es un tipo fuera de serie, capaz de motivar burlas, simpatías y solidaridad.

Dice que sus funciones en el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) las debe en parte al respaldo que otrora recibió del ahora presidente en ejercicio del Estado y titular de la Cámara de Senadores, Eugenio Rojas, y, por tanto, del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Así fue. La mayoría de los magistrados electos fueron tildados de haber recibido el padrinazgo del partido de gobierno. Cusi dice haber sido uno de ellos. Lo particular del magistrado es su carácter irreverente, a veces volátil en sus decisiones y hasta folklórico. Casi siempre fuera de las formas que debe guardar como juez, su comportamiento ha sido más político que técnico en varias circunstancias, al punto de convertirse en acérrimo detractor del Gobierno como cualquier otro opositor.

Ha denunciado manipulación e injerencia del Gobierno en el TCP y horas después reculó y pidió a los medios de información que “este episodio sea cerrado”. Una vez retrocedió en su decisión de apoyar la penalización del aborto en el país. ¡Y se declaró disidente!

En un conflicto en las Fuerzas Armadas, Cusi amenazó con renunciar e iniciar una huelga de hambre en respaldo a las demandas de los movilizados, pero más tarde retrocedió en su posición y consideró que, con sus acciones, ha “contribuido a la demanda social”.

¡Ay, Cusi! Fue el hazmerreír de la opinión pública cuando en una ocasión —mientras era visto como agente del Gobierno en el TCP— dijo que sus decisiones son guiadas por la hoja de coca. “Cuando llega la hora de tomar decisiones, acudo a la coca para que guíe mi accionar”, afirmó sin reparos.

Suspendido de sus funciones, sin seguro médico y convaleciente ahora, tras semanas de haberse visto en estado crítico, es el blanco político en la Cámara de Senadores. No presentó a tiempo su certificado médico, y el órgano legislativo que propicia de Tribunal de Sentencia lo declaró rebelde ante la ley y ordenó su aprehensión. En ambulancia y silla de ruedas, se presentó ante sus juzgadores con más prensa e impacto que sus colegas Ligia Velásquez y Soraida Chánez, que también son acusadas por resoluciones contrarias a la ley en el fallo sobre la suspensión de la Ley del Notariado.

En el segundo día de audiencias, complicó a los senadores hablándoles en aymara y se enfrentó ante el titular del tribunal, el senador Rojas, a quien varias le pidió explicaciones sobre el motivo de su acusación, solicitud que —para el colmo— no pudo absolver el ahora presidente en ejercicio del Estado. Cuando se quejó de cansancio y hambre, Rojas mandó a un médico a comprobar el reclamo, pero decidió continuar el juicio. Irreverente, volátil o folklórico, Cusi es sujeto de odios y amores, pero no se merece que se ensañen con él. Se merece un juicio justo, que es cuestión de derechos humanos que todos tenemos.

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