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DAKARon…

El Dakar nos invita a la modernidad más colonial, donde se apuesta por la muerte y la destrucción

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

02:40 / 17 de enero de 2015

Hace unos días presenciamos por segundo año consecutivo el paso del rally Dakar por Oruro y Potosí. A pesar de ser una competencia elitista, organizada por la multinacional Amaury Sport Organisation (ASO), es propiciada por el Estado Plurinacional, y cada vez adquiere mayor euforia nacionalista en algunos sectores de la sociedad, aunque a diferencia del año pasado, he escuchado muchas voces críticas, a las que me sumo modestamente.

Sabemos en líneas generales que, desde sus orígenes, esta competencia ha provocado centenares de muertes, y que ha sido expulsada de Europa y de África precisamente por los impactos negativos —ambientales, sociales y culturales— que genera. Entre las voces críticas hay una frase colgada en Facebook que me encantó: “Si seguimos por esa ruta, vamos a… KAGAR”. Creo que la última palabra lo explica todo, pues fueron muchos los corredores que Dakaron durante la competencia (por no repetir la palabra explícita), y ocurrirá lo mismo en el futuro con la Pachamama y sus diferentes representaciones simbólicas, así como también con los animales y aves que habitan esos “territorios difíciles” andinos.

Sin desmerecer la excelente calidad técnica y el esfuerzo por darnos a conocer los hechos, sobre todo de BTV, ciertamente el tratamiento temático y el análisis crítico de nuestros medios de comunicación sobre el evento han sido muy pobres. Algunos ejemplos. Casi no se comentó la muerte de un corredor polaco supuestamente por inanición. Michal Hernik competía en la categoría de motos, y falleció durante la tercera etapa, entre San Juan y Chilecito. Su cuerpo fue hallado en el kilómetro 206 de la Cuesta del Miranda, en la provincia argentina de La Rioja. ¿Por qué la ASO no le prestó debida la atención? Hubo otro accidente “espectacular” de dos coches (uno detrás de otro) en territorio boliviano, pero se dijo muy poco al respecto, y solo después de que los corredores ya habían abandonado el país. Varios medios de comunicación magnificaron y/o gozaron de esta tragedia, repitiendo muchas veces las imágenes acompañadas de la frase “que espectacular fue”. Tampoco se informó que dos corredores europeos, el italiano Matteo Casuccio (motos) y el holandés Kees Koolen (quads), fueron detenidos por la Policía de Investigaciones de Chile. Pues ambos se salieron de la ruta original para transitar por senderos arqueológicos de alto valor patrimonial ¿Cuánto daño causaron? Sabemos que el Perú declinó su apoyo al Dakar precisamente por el riesgo que implica para los sitios arqueológicos. En Argentina existen muchas denuncias al respecto. En internet circula un documental del Movimiento Comunitario Pluricultural kolla del norte argentino que repudia “A un año de la represión e imputación de nuestros hermanos kollas en Rumi Cruz” (www.youtube.com/watch?v=UpzkB89GTGs&feature=youtu.be). En él expresan su indignación contra este rally, al que consideran como una violación al territorio y a los derechos indígenas.

A pesar de estas arbitrariedades del Dakar, ¿seguimos apostando por esta exótica carrera? ¿Seguimos apostando a tener vehículos como los que se exhiben, alimentando el consumismo? No se sabe nada sobre los impactos que causa este rally al medio ambiente y a los sitios sagrados y arqueológicos, y en verdad no creo que realmente se quiera saber, para no dañar los intereses de las multinacionales que patrocinan esta competencia, entre ellas, el Estado Plurinacional. El Dakar nos invita a la modernidad más colonial, donde no se apuesta por la vida, sino por la destrucción y la muerte. Wali qullqinin jaqinakaxa, awtu q’iwirinakampixa mayakiw sartapxi, jupanakaw samantañ munapxistu.

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