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La Dama de Hierro

La película es un relato íntimo de Margaret Thatcher durante su periodo de senilidad

La Razón / Alejandro F. Mercado

02:20 / 17 de marzo de 2012

Quienes fueron a ver la película La Dama de Hierro, esperando que fuese una apología a la política liberal de la que fue Primer Ministro del Reino Unido, quedaron decepcionados; asimismo, aquellos que pensaron que se trataría de una condena a la política de Margaret Thatcher, también se vieron desilusionados. Personalmente tenía la esperanza de ver una película de alto contenido histórico, respecto a uno de los periodos más interesantes del siglo pasado. Lamentablemente mis expectativas no se vieron satisfechas, con lo que no quiero decir que sea una mala película, aunque creo que podría haber sido mucho mejor.

La película dirigida por Phyllida Lloyd es un relato íntimo de Margaret Thatcher durante su periodo de senilidad, argumento que es acompañado por recuerdos y sombras de su pasado. La actuación de Meryl Streep es, sin lugar a dudas, magnífica, como lo corroboró su elección para el Oscar en la categoría mejor actriz.

De la misma forma, el Oscar otorgado en la categoría mejor maquillaje es completamente merecido, en tanto que la caracterización o, con mayor precisión, el envejecimiento que se logra de Meryl Streep es verdaderamente genial.

Considero que uno de los elementos más flojos de la producción es el que corresponde al guión, si el mismo hubiese sido encargado a Sanford Golden o Jonathan Shapiro, sólo por citar dos ejemplos, ello le habría dado un valor agregado importante.

Dos hechos del siglo pasado cambiaron la historia y, ciertamente, fueron dos personalidades inglesas que asumieron el liderazgo moral en ambos procesos. En el primero, aunque la derrota del nazismo y la caída de Hitler, en lo que correspondió a la  conducción política y militar, estuvo en manos de  Roosevelt, el soporte moral fue de Winston Churchill. Segundo, en el caso del final de la Guerra Fría, sin desmerecer la organización política y económica conducida por Ronald Reagan, fue Margaret Thatcher quien le puso el sustento moral e ideológico.    

Margaret Thatcher fue la primera mujer que llegó a ser Primer Ministro de Gran Bretaña y ocupó este cargo por más tiempo que ninguno de sus predecesores, siendo que su alejamiento se debió a una confabulación de los tories, como recordándonos aquel refrán popular que dice: Dios mío, cuídame de mis amigos, que de mis enemigos puedo cuidarme solo.

La conspiración se gestó por la fuerte oposición de la señora Thatcher a la participación de Gran Bretaña en una mayor integración económica europea. Hoy cabría preguntarnos: ¿No tendría razón la Dama de Hierro?

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