Columnistas

Declaración por la plaza Murillo

La Razón (Edición Impresa) / Cergio Prudencio

00:11 / 05 de marzo de 2017

La plaza central en las ciudades de Bolivia muestra por lo general el orgullo de quienes nacieron o viven en ellas, y desde luego el esmero de los gobiernos municipales por presentarlas como espacios dignos para el encuentro, el disfrute, la celebración y hasta la protesta.

La plaza 25 de Mayo en Sucre resalta por mucho entre todas ellas. Su diseño es un acierto urbanístico de origen, y fue tratado con respeto a lo largo de la historia. Es un deleite pasearla o contemplar su añeja arboleda desde uno de sus bancos.

Allá, la reciente recuperación de la denominada “Fachada Ecléctica” colindante con la Casa de la Libertad, constituye una intervención magnífica, no solo porque desvela una evidencia del pasado histórico sino porque asimismo nos informa sobre la sofisticada técnica árabe del zulaque para la coloración de los frontis en tiempos del apogeo.

No obstante los altos estándares de esta restauración asumida por la Escuela Taller, voces dogmáticas del imaginario “Sucre, ciudad blanca” la impugnaron por contravención a la obligatoriedad del blanco en el centro histórico. La circunstancia removió el tema por quienes observaron con pertinencia que se trata en realidad de un falso histórico definido como alternativa funcional para las celebraciones del sesquicentenario de fundación de la República en 1975 durante la dictadura de Banzer. Porque las edificaciones de la capital boliviana solían pintarse en la colonia y la república con los terracotas propios del entorno geográfico.

Soy de la idea de que la “Fachada Ecléctica” con sus tonos pasteles es —por fino contraste— un extraordinario aporte a la identidad histórica de Sucre. Pero más allá de posicionamientos, lo interesante es constatar cómo la ciudadanía delibera sobre “su” plaza, expresando apego y devoción por un espacio que tiene en pertenencia común de generación en generación.

Otro caso; en la plaza 24 de Septiembre en Santa Cruz se ha peatonalizado dos de sus cuatro calles. De esta manera el monumental emplazamiento arquitectónico de la catedral goza de una privilegiada continuidad con la plaza que hace las veces de atrio a los efectos del ingreso y la salida. ¡Maravillosa sensación!, llegar al templo apreciando desde la distancia su belleza, y salir del templo acogido por la explanada de árboles prodigando sombra y frescor a los parroquianos de toda época. La atinada intervención ha permitido además integrar áreas aledañas de servicios culturales a todo el conjunto. Hermoso.

En Cochabamba se aplicó el mismo criterio de peatonalización de las calles norte y sur. Así el estupendo edificio patrimonial de la Gobernación incorporó toda la plaza 14 de Septiembre a su fachada e ingreso a manera de atrio, también. Aunque aquí queda pendiente la recuperación integral de la construcción, algunas otras edificaciones de igual categoría han sido bellamente restauradas jerarquizando el entorno; las columnatas, resguardadas como factor de identidad urbana; la jardinería, diseñada con prolijidad y cuidados; y la gente, consagrada a este dominio de tanta memoria contenida, como lugar de encuentro de las diversas cochabambas. Es La Plaza.

Potosí, a su vez, acaba de estrenar una bien llevada remodelación. Y así sucesivamente, en Tupiza, Trinidad, Tarija y tantas otras, la plaza es el corazón de la ciudad. Cantemos por todas ellas: Oh, linda La Paz; o bella ciudad; quien te conoce no olvida jamás…

 

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