Columnistas

Decodificando la visita de Gaspar

Esa frase podría convertirse en el umbral de un proceso de negociación entre los dos Estados

La Razón (Edición Impresa) / Walker San Miguel Rodríguez

03:11 / 08 de enero de 2016

Sorpresiva, así fue la visita a nuestro país de Gabriel Gaspar (el embajador que nombró el Gobierno de Chile para explicar la postura de Santiago en el diferendo con Bolivia). Su breve estancia en Santa Cruz y La Paz le permitió explicar, a través de los medios de prensa, que su visita obedecía a una labor de coordinación con el Consulado de su país, aunque ese tipo de tareas se concreta normalmente convocando al cónsul a las oficinas de su Cancillería, en Santiago.

¿Cuál era entonces el verdadero propósito de José Miguel Insulza, el nuevo agente chileno en el litigio que radica en La Haya, para enviar a Gaspar a Bolivia? Conocemos de sobra la postura oficial de Chile. Desde aquel dislate histórico que afirmaba que Bolivia “nunca tuvo mar”, pasando por “los tratados son intangibles” (frase colocada ahora en el baúl de los recuerdos luego del fallo de la Corte Internacional de Justicia a propósito del caso de los límites marítimos con Perú), al actual “Bolivia tiene acceso al mar” no hacen sino develar el hondo conflicto de derecho internacional que los dos Estados han mantenido desde hace más de un siglo.

La posición del país vecino ante la demanda interpuesta por Bolivia ante la CIJ pidiendo que esta Corte declare que Chile tiene la obligación de negociar con el país un acceso soberano al mar ha sido reactiva. El propio nombramiento de Gabriel Gaspar en el cargo que actualmente ocupa es parte de ese intento por contener el ímpetu y fuerza de la causa boliviana en el contexto mundial. Chile había apostado firme y decididamente a impugnar la competencia de la CIJ bajo otra de las frases harto conocidas: “Chile no tiene asuntos pendientes con Bolivia”. La CIJ, por 14 votos contra dos rechazó la objeción preliminar y se declaró competente para conocer la demanda boliviana y fijó para julio de este año la presentación de la contramemoria por parte de Chile.       

Tras el fallo relativo a la competencia de la CIJ, el 24 de septiembre se produjeron varios hechos relevantes en Santiago. Renunció el agente Bulnes (su reemplazante es precisamente el ex Secretario General de la OEA), se designaron a tres personeros que refuerzan el equipo de comunicación (entre ellos Gabriel Gaspar), y el canciller Heraldo Muñoz dejó de ser el vocero de la causa litigiosa. Por eso resulta importante intentar decodificar la reciente visita de Gaspar, un hombre sensato, de una enorme sensibilidad respecto a la cuestión marítima boliviana y con experiencia diplomática acreditada por su paso como embajador de su país en La Habana y Bogotá.

Conocí a Gabriel cuando él ejercía como subsecretario en el Ministerio de Defensa de Chile (en el anterior Gobierno de la Concertación), pero del plano formal llegué a entablar con él una verdadera amistad mientras ejercía como Cónsul General de Bolivia en Santiago (2010-2011). Esos años Gaspar se encontraba en la oposición al gobierno de Sebastián Piñera y dejó traslucir su postura crítica a la conducción que la Cancillería de entonces dio al manejo de la relación con el Perú bajo el criterio de las “cuerdas separadas”. Como se recordará, el 23 de marzo de 2011 el presidente Evo Morales anunció que Bolivia llevaría la demanda marítima boliviana a tribunales internacionales ante la negativa chilena de presentar una propuesta concreta, útil y factible para resolver este diferendo. Gaspar y muchos otros intelectuales asumieron entonces una postura de auténtica preocupación por el desmoronamiento de la construcción de confianzas. Desde la Fundación Chile 21, que presidía Carlos Ominami, se organizó una visita a La Paz para intentar apoyar el restablecimiento de canales de diálogo. La visita se produjo en octubre de 2011 y fue notable que asistiera Marco Enríquez-Ominami, el excandidato presidencial de Chile proclive a llegar a un entendimiento con Bolivia. 

A la iniciativa de Chile 21 se unió la fundación alemana Frederich Ebert y al autor de esta columna le tocó el rol de coordinar la visita y generar un espacio de diálogo en un céntrico hotel de esta ciudad. El corolario fue la entrevista de los amigos chilenos con el Presidente de Bolivia en el mismo Palacio de Gobierno. La prensa cubrió dicho evento y con seguridad Gabriel Gaspar recuerda nítidamente esa notable ocasión. Hoy gobierna Chile nuevamente la presidenta Bachelet y Gabriel forma parte de ese gobierno. Acaba de manifestar que su país ofrece restablecer las relaciones diplomáticas “aquí y ahora”, parafraseando a don Ricardo Lagos, y quizás esa frase podría convertirse en el umbral de un proceso de negociación, que más temprano que tarde se instalará entre los dos Estados, para resolver el centenario enclaustramiento de Bolivia.

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