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Déficit, deuda y capacidad de pago

No va a ser sencillo para el Gobierno contraer nueva deuda, a pesar de contar con margen para ello

La Razón (Edición Impresa) / Armando Álvarez

00:00 / 14 de febrero de 2016

En la gestión 2014, por primera vez luego de ocho años, las cuentas fiscales registraron un déficit del 3,4% en relación al Producto Interno Bruto (PIB), con una inversión pública que superó los $us 4.500 millones. En 2015, según autoridades gubernamentales, el déficit habría aumentado al 6,6% del PIB, un 80% por encima del 3,6% de déficit que el Gobierno había presupuestado, y habiendo ejecutado aproximadamente $us 6.000 millones, de los más de $us 7.000 millones presupuestado para inversión pública. La principal razón de ese mayor déficit es que el Ejecutivo estimaba percibir ingresos por las exportaciones de gas a un precio promedio de referencia del barril de petróleo de $us 80, precio que sin embargo en la realidad fue mucho menor.

Para la presente gestión, el Gobierno ha presupuestado nuevamente un déficit fiscal del 4,5% del PIB, con una inversión pública superior a los $us 8.000 millones, pero considerando un precio promedio de referencia del barril de petróleo de $us 45. A fin de mantener el ritmo de crecimiento de los pasados años en un contexto de caída de las exportaciones (en 2015 se redujeron en 32% respecto a las de 2014) y con precios de las materias primas que no parece vayan a recuperarse en el corto plazo, el Gobierno tendría que ejecutar en su totalidad el monto de inversión pública presupuestada. Si el Ejecutivo logra cumplir este objetivo y el precio del barril de petróleo se mantiene en torno a los $us 30, como ha venido sucediendo en lo que va del año (y por el exceso de oferta existente de crudo no parece que vaya a repuntar en el corto plazo), al concluir la gestión, el déficit fiscal puede ser bastante mayor al 4,5% presupuestado y muy cercano e incluso superior al 6,6% alcanzado en la anterior gestión. Ello implicaría tres años consecutivos de déficits fiscales con tendencia creciente.

El déficit se origina cuando se gasta más de lo que se percibe en ingresos, y para cerrar las cuentas no queda otra que endeudarse. La deuda pública se encuentra actualmente en torno al 30% del PIB, nivel de endeudamiento bastante razonable. Pero contar con margen para endeudarse es una condición necesaria, mas no suficiente para poder contraer más deuda. También —y sobre todo— es necesario contar con capacidad de pago. Y tres años consecutivos de déficit fiscal con tendencia creciente demostrarían que no se cuenta con dicha capacidad. Y resulta aun más complicado cuando la capacidad de pago de un país que no ha aprovechado los años de bonanza para diversificar su sector productivo, sino que se ha convertido altamente dependiente de los commodities, depende del comportamiento del precio de las materias primas y de la existencia de reservas suficientes de éstas que puedan ser explotadas y comercializadas a futuro. Esta última y no menor condición el país ya no cumple, porque en la actualidad no existen reservas suficientes de gas como para renovar el contrato de exportación con el Brasil, que concluye en 2019.

Ante déficits fiscales crecientes y la incertidumbre de que los ingresos del país puedan mejorar en el futuro a fin de contar con capacidad de pago, no parece que vaya a ser sencillo para el Gobierno contraer nueva deuda, a pesar de contar con margen para ello. No hay duda de que existen financiadores e inversionistas arriesgados, el que Grecia haya logrado endeudarse por el equivalente al 180% de su PIB es prueba fehaciente de ello; pero nadie asume riesgos elevados a cambio de poco.   

Es analista económico y financiero.

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