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Democracia

La democracia se sustenta en las limitaciones que debemos imponerles a quienes detentan el poder

La Razón (Edición Impresa) / Equilibrio - Alejandro F. Mercado

00:40 / 15 de marzo de 2014

Democracia, vaya palabrita ¿no? En su nombre se cometieron horrendos crímenes y los gobiernos más totalitarios la utilizaron y la utilizan como bandera. Basta recordar la ex República Democrática Alemana (Alemania Oriental), que llegó a construir un muro para restringir las libertades de quienes tuvieron la mala suerte de quedar en el lado equivocado cuando se dividió Alemania, o la actual República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte), donde pertenecer a un grupo de rock puede ser causa de condena a muerte por parte de una dinastía despótica que se autocalifica de popular y democrática.

Muchos de nosotros pusimos en juego nuestra libertad y arriesgamos la vida de nuestras familias luchando por la democracia, pensábamos que seguíamos una estrella y, lamentablemente, lo que encontramos fue un candil. Nuestro error no estuvo en luchar por nuestras libertades, que es una de las pocas cosas por las que uno debería luchar, sino que entendimos mal la democracia. Pensamos que la democracia tenía como una de sus principales bases la elección de nuestros gobernantes, siendo que éste es en realidad un aspecto secundario y, más bien, la democracia se sustenta fundamentalmente en las limitaciones que debemos imponerles a quienes detentan el poder.

Seguramente que si hoy preguntamos cuál debería ser la base de la Constitución Política del Estado, la mayor cantidad de respuestas dirían que debería ser la democracia, y es justamente allí donde se origina el error que desnaturalizó a la democracia. La Constitución Política de un Estado no está para fortalecer la democracia, sino, fundamentalmente, para asegurar las libertades de los individuos.

Karl Popper nos dejó dicho: “Las democracias no deben ser entendidas como soberanías populares, sino, por encima de todo, instituciones para defendernos contra la dictadura, para preservar nuestras libertades. La democracia debe ser entendida como el seguro que no permita una acumulación de poder y la instalación de gobiernos totalitarios, un instrumento que limite el poder del Estado”. De allí no se sigue que debamos reducir al Estado a su mínima expresión o, en el extremo, buscar su desaparición, más bien, siguiendo a Kant, debemos buscar un Estado que no sea más fuerte de lo absolutamente necesario para garantizar a todo ciudadano tanta libertad como fuera posible.

En suma, la Constitución debe ser el sustento de las libertades individuales sobre la base del respeto a la ley, donde el gobierno sea de leyes y no de hombres, así como el hecho de que los individuos tengan temor a las leyes y no a los fiscales y magistrados.

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