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Desafío ciudadano

Nuestra desvalida Madre Tierra interpela el rol que tenemos como ciudadanos frente a ella

La Razón (Edición Impresa) / Raúl Pérez Albrecht

00:02 / 12 de noviembre de 2014

Bolivia es un Estado Plurinacional que se autoproclama defensor de la Madre Tierra. Sin embargo, las autoridades planean nuevamente fragmentar las áreas protegidas del país con la construcción de carreteras, como en el caso del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), proyecto que ha sido incluido en el plan de gobierno del MAS. Junto con la construcción de carreteras y la exploración petrolera y minera en los parques naturales, se ha planificado la destrucción de un millón de hectáreas de bosques en el oriente y norte del país, bajo el argumento de garantizar la seguridad alimentaria. Y para poner la cereza en la torta desarrollista, se anuncia la construcción de una planta de energía nuclear en nuestro territorio.

Empero, hay que reconocer que la estrategia diplomática y comunicacional de nuestras autoridades está muy bien elaborada, ya que abanderan cuanto foro internacional en favor del planeta se presenta. A nivel local esta política es reforzada con la presentación demagógica de resoluciones en contra de los latifundios y del empleo de transgénicos, pero que son solo palabras y papel. A este atentado ambiental habría que adicionar las megarrepresas y fábricas que se irán instalando paulatinamente en una nación ávida de acumulación y extracción de recursos, similar a cualquier otra de carácter capitalista en el planeta.

La historia de amores y desamores de nuestra desvalida Madre Tierra interpela el rol que tenemos como ciudadanos frente a ella. Los más urbanizados miran con buenos ojos cualquier iniciativa que pueda traer dinero al país, pero para quienes de alguna manera comprendemos y vivimos la catástrofe medioambiental que se está orquestando no podemos sino advertir sobre los daños irreparables a los que nos enfrentamos. Por ello, amparados en la Constitución y en cuanto medio esté a nuestro alcance, quienes amamos la vida y la naturaleza y pensamos que existen opciones de desarrollo más allá de la visión extractivista y demagógica con el cuidado del medio ambiente debemos no solo denunciar, sino ser y mostrar modelos alternativos de vida.

Hoy le toca al movimiento ambientalista ser el bastión de resistencia ante un horizonte que presagia una serie de golpes medioambientales contra el planeta en general y contra el país en particular. Es un camino que nos desafía a enamorar a cada ciudadano y ciudadana para que se den cuenta de la estrecha relación entre la supervivencia de los seres humanos y la naturaleza, y de que los votos ganados en las urnas no justifican las barbaridades ambientales que se quieren realizar.

Este desafío ciudadano demanda amar a nuestra Madre Tierra en tiempos de cambio climático, donde una acción irreparable de hoy puede impedir una vida plena para nuestras futuras generaciones.

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