Columnistas

Desarme nuclear y vecinos bravucones

El desarme nuclear sólo puede resolverse si se cambian los viejos patrones de conducta

La Razón / Foro - Shlomo Ben Ami

00:00 / 08 de abril de 2012

Hace 25 años, en una cumbre celebrada en Reikiavik, Islandia, el expresidente estadounidense Ronald Reagan sorprendió al mundo y a su homólogo soviético, Mijaíl Gorbachov, al proponer la eliminación completa y global de todas las armas nucleares. Por desgracia, el escepticismo de las altas esferas del sector de la defensa de EEUU, junto con el rechazo firme de Reagan de abandonar su iniciativa de defensa estratégica, acabó con esta iniciativa audaz antes de que naciera.

Fue una oportunidad que desgraciadamente se perdió porque un acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, alcanzado en lo que en esencia todavía era un sistema internacional binario, podría haber tenido un verdadero impacto global. Aunque las reservas rusas y estadounidenses siguen representando más del 90% de las ojivas nucleares mundiales, la meta de desarme, Global Zero, del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, está resultando ser mucho más difícil de alcanzar, teniendo en cuenta ahora cuánto ha cambiado el mundo desde el final de la Guerra Fría.

No solo ha aumentado el número de Estados con capacidad nuclear, sino que la llamada “renaissance nuclear” (el renacimiento de este tipo de energía debido a los crecientes precios del petróleo) ha hecho que estas tecnologías se usen cada vez más. Este resurgimiento tiene importantes implicaciones para la proliferación nuclear.

Más importante aún, China, India, Pakistán, Irán e Israel podrían no estar particularmente impresionados por los supuestos de los rusos y estadounidenses de que pueden cubrir sus necesidades de defensa con arsenales nucleares mucho menores. Por consiguiente, el desarme nuclear no solo debe centrarse en una verdadera eliminación de las reservas de las principales potencias, sino también en las preocupaciones de las potencias regionales. Global Zero debe ir acompañado de una sólida estrategia de resolución de conflictos y creación de confianza en puntos problemáticos como el sureste de Asia y Oriente Próximo.Todas las zonas libres de armas nucleares que se crearon en las últimas décadas (por ejemplo, en América Latina, con el Tratado de Tlatelolco, o el Pacífico Sur, con el Tratado de Rarotonga) se lograron mediante acuerdos alcanzados libremente por las potencias regionales en un ambiente de confianza multilateral.

Visiblemente, la Declaración sobre la Desnuclearización de la península de Corea de 1992 es hasta la fecha letra muerta, debido simplemente al estado latente de guerra entre las dos Coreas.

Oriente Próximo ya tuvo su oportunidad y la perdió; fue con el grupo de trabajo multilateral de control de armas y seguridad regional de 1992 a 1995, creado en el contexto del proceso de paz de Madrid. Concebido como un esfuerzo de creación de confianza y a través de una ruta sólida de construcción de la paz, dicho grupo de trabajo (ACRS, por sus siglas en inglés) fue interrumpido por las dificultades durante el proceso para obtenerla, debido a la insistencia de los estados árabes de que se abordaran las capacidades nucleares de Israel antes que cualquier otra cosa, y por la lucha subyacente por el control de la región.

El estancamiento nuclear en Oriente Próximo puede resolverse solo si todos los actores de la región están preparados para cambiar los viejos patrones de conducta. Tradicionalmente, la posición árabe ha estado en contra de ofrecer a Israel los frutos de la paz, como el reconocimiento y las relaciones normales, antes de que haya pagado todo su precio territorial, es decir, un retiro total de los territorios árabes ocupados y la creación de un Estado palestino. No obstante, los estados árabes insisten en que, incluso antes del fin del conflicto, Israel debe renunciar unilateralmente a sus capacidades nucleares (no declaradas).

Este es un ejercicio inútil, no solo porque Israel nunca se desarmaría unilateralmente, sino también porque es imposible participar en un diálogo efectivo en cuestiones tan vitales sin relaciones interestatales normales en la región. El concepto de Israel de “primero paz y después desnuclearización” fue reivindicado en el tratado de paz entre Israel y Jordania en 1994, que menciona una zona libre de armas de destrucción masiva como meta “que alcanzar en el contexto de una paz global, duradera y estable”. Israel tampoco puede esperar tener lo mejor de todo el mundo: establecer como condición el desarme nuclear para una paz global, mientras que al mismo tiempo lleva a cabo una política destinada a estancar dicho proceso.

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