Columnistas

Desarrollo de la niñez y violencia

La participación de la niñez en protestas sociales les provoca efectos devastadores en su desarrollo

La Razón / Marcoluigi Corsi

02:40 / 25 de febrero de 2012

La sociedad contemporánea ha alcanzado una importante madurez reconociendo los derechos de la niñez a la protección y a la participación social. Este paso no ha sido fácil y culminó con un hecho histórico: la aprobación en la Asamblea General de Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) en 1989. La niñez enfrenta mayores riesgos que las personas adultas, debido a que son dependientes económicamente, están creciendo y apenas están formando su concepto de vida y su madurez emocional. La protección requiere que las personas más cercanas reconozcan esta condición y la de sujetos de derecho. También implica un compromiso de las instituciones y de las organizaciones sociales y comunitarias para garantizar sus derechos. Por otra parte, la participación es el complemento de la protección, pues al mismo tiempo que protegemos a nuestros hijos e hijas debemos garantizar su participación y su voz.

En ocasiones la participación puede ser mal entendida y tiende a transformarse en un acto que más bien afecta sus derechos, ya sea porque limitamos sus libertados o generamos desprotección.

El convencimiento de que la protección y la participación son centrales en la crianza de nuestra niñez trasciende fronteras ideológicas y culturales. El Estado Plurinacional de Bolivia tiene una de las Constituciones más progresistas de la región, que ha reconocido que los niños son sujetos de derechos. Un paso fundamental en la profundización de su democracia. Este reconocimiento jurídico no necesariamente significa que la gente haya incorporado los preceptos morales y éticos que encierra y que esté dispuesta a aceptarlos y ponerlos en práctica. Enfrentamos situaciones muy complejas como la violencia, y la única manera de superarlas es tomando decisiones inmediatas, como la reciente ley que declara 2012 el año de la no violencia y obliga a una acción mancomunada del Estado, la comunidad y del sector privado.

La participación de la niñez en protestas sociales es otra de estas situaciones que provoca efectos devastadores en sus vidas (miedo, incertidumbre, retraso en su desarrollo psicosocial y los cambios de condiciones climáticas, por ejemplo) que pueden provocarles enfermedades, mucho cansancio y los somete a riesgos innecesarios tales como abuso, maltrato, accidentes y, en el peor de los casos, puede causarles la muerte, tal y como ha ocurrido repetidamente en los últimos meses. También los aleja de la escuela, con consecuencias negativas en su aprovechamiento académico y en la generación de estrés debido al ausentismo prolongado de días y hasta meses de sus clases.

Los dirigentes, padres y madres, y comunidades involucradas en este tipo de actos deben comprender el daño que  provocan a la niñez. Respetamos, entendemos y apoyamos la importancia que tiene la socialización cultural para muchos de los pueblos indígenas y comunidades del país. También reconocemos sus derechos colectivos y abogamos por su respeto y fortalecimiento. Sin embargo, en este caso me duele ver a niñas y niños enfermos, cansados, con miedo y enfrentando los riesgos mencionados. Así como las culturas de estos pueblos han incorporado elementos que no necesariamente formaban parte de su tradición ancestral en un contexto de diálogo intercultural, es el momento de que se reflexione acerca de cómo pueden evitarse estos riesgos innecesarios a sus hijos e hijas. Estamos convencidos del compromiso que tienen las comunidades y pueblos en favor de los derechos de la niñez.

Insto a las organizaciones indígenas y movimientos sociales a reflexionar y trabajar para asegurar el cuidado y protección de sus niños y niñas, buscando alternativas de solución a sus demandas y problemas sociales reconociendo el interés superior de la niñez.

La construcción de una sociedad basada en la igualdad, tolerante y respetuosa de las diferencias debe incluir a todos los grupos sociales, incluyendo, de manera prioritaria, a la niñez. Adhiero en ese sentido el pronunciamiento de nuestra Coordinadora Residente del Sistema de Naciones Unidas, quien ha hecho un llamado para que los conflictos se resuelvan a través de procesos de diálogo. Para los niños y niñas esto no sólo contribuirá a su protección sino a darles un ejemplo y a enseñarles que efectivamente es posible convivir con gente que piensa distinto a uno. Hago, en este sentido, un llamado a las autoridades y a todos los sectores involucrados a que hagan todo lo posible para promover que los conflictos sociales y políticos se resuelvan pacíficamente, a través de la construcción de acuerdos duraderos.

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