Columnistas

Desastres, ayer igual que hoy

Los movimientos de tierra desestabilizan los suelos que duran-te miles de años se han ido consolidando

La Razón / Patricia Vargas

00:00 / 12 de enero de 2012

Acercarse a escritos sobre La Paz nos permite detectar la tarea titánica que muchas autoridades y ciudadanos han realizado para construirla. El pensar en su topografía accidentada lleva a comprender cómo esa realidad obligó a efectuar enormes movimientos de tierra. Trabajo necesario para poder convertir a ciertos territorios en lugares edificables. Empero, no cabe duda que esa labor —como opinan los expertos— altera y desestabiliza los suelos que durante miles de años se han ido consolidando.

En los últimos años, esta urbe ha sufrido desastres naturales con grandes deslizamientos de terreno, que hoy forman parte de la memoria espacio-temporal de esta ciudad. La historia relata varios hechos similares que, tanto por el hundimiento de terrenos como por grandes riadas, han logrado inscribirse, de forma silenciosa, en los acontecimientos de las crónicas paceñas. Un ejemplo de aquéllos —según historiadores— fue el pueblo de Hanco-Hanco, situado en Llojeta, que desapareció por el deslizamiento y hundimiento de la tierra en abril de 1582. Sólo el párroco y el sacristán sobrevivieron al desastre.

De igual manera, en marzo de 1647  (de acuerdo con escritos) se desplomó parte de un cerro, produciendo reacciones de pavor en la ciudadanía, que se refugió en los templos. El gobernador de entonces, Alonso de Molina y Herrera, envió al Rey de España una pepa gigante de oro encontrada en el lugar, que no llevó ningún buen augurio. Éstos y otros ejemplos extendieron la fe católica en la población, creciendo en número los conventos y monasterios en La Paz.

Hace un año se registró un deslizamiento de gran magnitud, el cual afectó a nueve barrios de esta urbe y dejó sin techo a 800 familias. Asimismo, en las últimas semanas, producto de las precipitaciones pluviales, comenzaron las inundaciones de viviendas y actualmente existen problemas mayores en los barrios de Cervecería y Alpacoma.

Sean ayer o sean hoy, los siniestros demuestran que las lluvias y su asentamiento son el origen principal de los desastres. Esto apoyado, posiblemente, por el mal estado del alcantarillado y las fugas de agua, que sumados al tipo de suelos —quizá arcillosos en esos lugares— son suficientes para desencadenar tales calamidades.

No hay duda de que la prevención y la implementación del mantenimiento de las instalaciones sanitarias y pluviales en viviendas y demás colaborarían en evitar estos lamentables sucesos. No hay que olvidar, además, el tipo de cimientos y los cálculos estructurales que debieran ser exigidos antes de cualquier construcción. Si bien las ciudades soñadas son sólo producto de carácter artificial, una urbe —al ser un constructo humano— requiere de regulaciones que colaboren en la seguridad y la impronta de su continuo presente.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia