Columnistas

Descentralizar la centralidad

La Paz requiere explorar los valores de sus barrios a fin de convertirlos en subcentros urbanos.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:31 / 24 de noviembre de 2016

En ciertas ciudades europeas, los centros urbanos se consolidaron desde su fundación, porque fue a partir de ese momento que comenzaron a construir su propia historia. Esto fue apoyado por una buena planificación y funcionalidad, la cual logró asentar la fortaleza cada vez más amplia de esas urbes, sin olvidar a las edificaciones relevantes que hoy aún constituyen parte de su esencia. Asimismo, el vasto comercio que allí existe y el arte que cunde sus espacios públicos son el atractivo de las masas de turistas, deseosas de gastar dinero siempre que esos centros tengan algo más que decirles y mostrarles.Lo interesante es que esos centros históricos dejaron de ser únicos en sus ciudades, pues los planificadores hábilmente abrieron posibilidades de apreciación de valores en otros barrios, los cuales se enmarcaron desde ciertas obras de arquitectura hasta las significaciones culturales más expectantes. Sin embargo, esos sectores requirieron, en su momento, de impactos estratégicos que abriesen contacto con el visitante, sin olvidar a sus propios habitantes. Así, el turismo hoy paga por mirar y vivir situaciones especiales y creativamente desarrolladas. Esos barrios cualificaron su valor simbólico a través de intervenciones urbanas, lo que los convirtió en los segundos centros atractivos de las metrópolis. Esto gracias al pequeño o gran movimiento económico que logró abrir campos de trabajo para sus residentes; otra forma inteligente de no atiborrar de gente las calles de los centros históricos.

Lo cierto es que a través de esos pasos se llegó a transformar y descentralizar el centro histórico, creando una especie de núcleos o subcentros con vida urbana propia y económica, encaminados hacia su desarrollo integral y funcional. Pero aquello no hubiese sido posible si no se entendían primero los valores propios que cualifican la identidad de cada barrio; por ejemplo, la concentración de estudiantes residentes que se apropian de lugares urbanos donde el costo habitacional es menor; característica que le da una dinámica especial, pues además de ser un barrio juvenil con infinitos problemas, es el lugar más efervescente y visitado por la población en general. Un contraste con otros barrios tradicionales que expresan a la ciudad de rostro casi perfecto y donde la población es menos tolerante con la vida citadina acelerada.

Sin duda se podrían seguir dando ejemplos de lo que hoy requieren las urbes, como es el hecho de abrirlas a la descentralización en su propio interior. Pero nada puede ser una realidad si los gobiernos municipales no se interesan en replantear las áreas urbanas y, por qué no decirlo, financiar obras de impacto en barrios que ofrezcan cualidades por explotar.

Este artículo no está tradicionalmente escrito, sino que procura describir (de forma intencional) las reinvenciones que una ciudad como La Paz requiere, entre ellas explorar los valores significantes de sus barrios y fortalecer las cualidades y talentos de su población, a fin de convertirlos en subcentros urbanos. Esto apoyado, por ejemplo, con el aprovechamiento de la cultura revalorada.

Las ciudades deben omitir aporías y atreverse a descentralizar toda su centralidad secante. En el caso de La Paz, no solo para reorganizarse, sino también para redescubrirse y dejar atrás los fragmentos urbanos que azarosamente compiten y coexisten ajenos a toda planificación.

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